Dani Fernández: “Recuerdo Auryn como algo muy bonito, pero ahora puedo ser más yo”

DANIEL MATEO

  • El cantautor publica ‘Incendios’, su primer trabajo en solitario tras la ruptura de Auryn.

Aunque lo suyo en la música viene de lejos -comenzó en ella con solo 11 años-, es ahora cuando realmente se considera “feliz” con lo que hace. Dani Fernández cumple lo que para él es un sueño, lanzar su primer trabajo en solitario, Incendios, tras la ruptura de la existosa boyband Auryn. Un disco autobiográfico que nace de una etapa personal complicada pero que ha supuesto una ruptura total con todo su pasado. Es hora de mirar al futuro.

¡Lo suyo viene de muy pequeño!
Sí. Siempre me ha hecho muy feliz la música y desde bien pequeño sabía que lo que me gustaba hacer era cantar y tocar, porque desde muy chico empecé a tocar el piano y la guitarra. Siempre me ha hecho mucha ilusión dedicarme a esto porque es lo que realmente me hace feliz. Tengo una trayectoria larga porque mis padres me dieron facilidad para ello. Me apoyaron siempre. Es muy importante que los padres de hoy en día no tengan miedo de que su hijo o hija sea artista. Hay una cosa que nunca se me olvidará: cuando yo decía que quería ser músico y la gente me contestaba qué iba a estudiar, ‘por si acaso’. A mí eso me entristecía porque ser músico es un trabajo y puedes llegar a emocionar a la gente. Igual que compras una barra de pan, puedes comprar un disco o una entrada para emocionarte. Mis padres sí me apoyaron, sí estuvieron ahí y sí se dejaron mucho dinero para que yo me formara como músico. Y todo eso sin ser una familia pudiente.

Y, de repente, llega Auryn, con un éxito brutal…
Fue muy bonito. Cuando empezó el grupo yo tenía 19 años. Para un chaval de esa edad era un juego. Para nosotros era eso, era probar, nunca creímos que sería nuestro trabajo. Ahora lo veo desde una forma totalmente diferente. Lo recuerdo como algo muy bonito, pero ahora puedo ser más yo.

¿Por qué tuvo tanto éxito Auryn y por qué acabó?
Había un vacío. Éramos chavales normales, muy sencillos, con ilusión por cantar, y eso lo transmitíamos muy bien, llegaba a la gente. No éramos un producto creado, fuertes, altos y guapos… Esa sencillez llegaba al público y por eso nos escuchaba. Auryn acaba porque empezamos muy jóvenes y, al final, nos faltaba vivir esa parte de nosotros que nos llenara cien por cien. A mí, por ejemplo, había música que me encantaba, pero que no era compatible con el grupo. Necesitábamos un parón y, cuando lo hicimos, nos dimos cuenta de que necesitábamos vivir cosas por separado.

¿Habría seguido con Auryn?
Yo no pensaba que se acabaría, fue todo por sorpresa. Decidimos parar porque necesitábamos un descanso y, creo, la gente que nos venía a ver también lo necesitaba. En ese instante, yo nunca vi una vuelta, ya estaba en otro momento.

¿Cómo se gestiona estar arriba y que, de la noche a la mañana, se apaguen los focos?
Más que bajar estando arriba, era más el miedo de no dedicarme a la música, de no saber por dónde ir. Yo llevaba una vida frenética entre viajes, conciertos y experiencias y, de repente, todo se para. Es como cuando te da un infarto, todo se para y hay un antes y un después en tu vida. En mi caso fue en lo relativo a mi vida musical. Eso se juntó con que lo dejé con mi exnovia. Entonces entro en un agujero emocional en el que necesito encontrarme a mí mismo. Tienes nostalgia y empiezas a escribir una serie de cosas que, normalmente, a un chaval de 25 años no le pasan. Por eso la gente puede pensar, si escucha mi proyecto, que yo tenía pensando dejar el grupo para ser cantautor, pero no es así. Todo surgió de forma muy natural y por las circunstancias del momento.

¿Sintió miedo de que el público se olvidara de usted?
Por supuesto. No tanto que se olvidaran de mí sino que la gente que viniera a verme encontrara a otra persona. Yo decía ‘vaya cara se le va a quedar a la gente cuando vean que no voy a tocar los éxitos de Auryn’. Lógicamente, te entran inseguridades, yo no quería defraudar a nadie, pero a la vez necesitaba esta transición, contar otras cosas, que en mi grupo era otra persona.

¿Y llegó a sentir rabia?
Sí, pero rabia emocional hacia mí mismo. De lo que yo tenía antes, que fue maravilloso, pero que en el fondo me ha hecho ser otra persona. Por eso necesitaba quemar todo lo que pasó, lógicamente con un recuerdo bastante bonito, pero que pasara a ser otra historia.

Y de ahí surge ‘Incendios’ (el nombre de su primer disco).
Exactamente. Me di cuenta de que, al fin y al cabo, muchas veces necesitamos olvidar algunas cosas, aunque realmente nunca se llegue a olvidar del todo. Pero sí, viene de ahí, de incendiar lo que yo había vivido para crear una nueva vida.

Pero el disco destila desazón, desamor, tristeza…
Yo creo que, de hecho, si se puede llamar éxito lo que estoy teniendo, es porque, cuando alguien escucha un tema mío, se siente identificado con él. A todo el mundo le han pasado las cosas que yo cuento en el disco. Todos hemos tenido que hacer un borrón sentimental o emocionalmente. No me da miedo porque, al fin y al cabo, son cosas que nos pueden pasar a todos y por eso es muy bonito poder sacar todo lo que llevas dentro y que la música haga de terapia.

Como a usted…
Sí, a mí me ha hecho de terapia. De hecho, dentro del disco puedes encontrar una evolución. Desde la nostalgia al optimismo, que es por lo que yo he pasado.

¿Qué quiere contarle al público de usted?
Que soy como soy. Una persona súper natural que intento poner todo lo que yo he sentido en esas canciones, que las letras que hemos hecho es lo que han salido de una persona que está herida. Quiero que me tomen como toman a un colega. Yo me dedico a la música porque es lo que realmente me gusta, me llena, no por dinero o para ser famoso. Yo a la gente que admiro son artistas a los que veo en un escenario y pienso que son tal cual, que si me tomaría una cerveza con ellos serían igual.

¿Ha pensado a qué se dedicaría si esto no sale bien?
El problema es que yo no tengo plan B. Yo me quiero dedicar a esto sea en el rango que sea. Yo tengo la suerte de poder ser reconocido, pero me he dado cuenta de que lo más importante no es que te conozcan por la calle o salgas en la televisión; lo que más me gusta es salir a cantar. Y eso se puede hacer a todas las escalas. Si me dedicara a otra cosa, sería exactamente a lo que estoy haciendo yo, pero a otra escala. Sería técnico de sonido, llevaría la guitarra de quien sea… Me da igual, pero eso sí, dedicarme a la música y vivir de ella.

Y sin venderse a las modas, porque no ha claudicado a los estilos que lo rompen ahora como el reggaeton o lo urbano.
A mí me gusta este tipo de música, es lo que me nace y es lo que hago. Pero no es mejor ni mejor, ni quiere decir que no me guste todo tipo de música. Lógicamente, sí que es cierto que hay una corriente más latina, pero también funciona otro tipo [pone el ejemplo de Leiva, que acaba de anunciar su segundo Zikink Center]. Hablar de música es que son tantas cosas que es muy difícil. Un artista tiene que pensar en lo que quiere hacer. Es lo que me pasó con Auryn, yo era muy joven y acepté una serie de cosas que, ahora que no están, elijo no hacerlas. No porque me hicieran infeliz, sino porque ahora tengo la oportunidad de crear lo que a mí me gusta y no lo que le gustaba a un grupo de gente. Yo, a los que quieran hacer música, les digo que no hay cosas más feliz que hacer lo que tú quieres y que no te venga alguien y te diga que esto o lo otro es lo que vende. De todas formas, hay que abrir la mente y escuchar de todo.

Ha colaborado con usted Andrés Suárez. ¿Con qué otro u otra le gustaría hacerlo?
Es increíble. Estoy súper agradecido porque gente de su talla de Andrés pueda tenderme la mano. Me gustaría cantar con mucha gente que me representa a nivel emocional y musical. Funambulista, Leiva, Sidecars… son algunos de mis referentes. Y por soñar… Pero bueno, aún me queda mucho por delante y seguro que llegarán muchas cositas.

Ahora que están tan de moda los concursos, ‘talents’ y ‘realities’, ¿no se ha visto tentado a participar en alguno?
Ya tuve suficiente cuando era pequeño [risas]. Es algo muy bonito, ¿eh? El primer concurso que hice tenía 11 años y, a partir de ahí, ya supe que quería dedicarme a esto. Creo que tuve la suerte, entre comillas, de pegarme la primera hostia en la música a esa edad. A esa edad firmé mi primer contrato discográfico y claro, cuando eres niño y sueñas, lo haces a lo grande y te crees que ya vas a dedicarte a eso. Pero eres un niño, tienes que estudiar, hay que seguir formándose… Y ahí me pegué la primera hostia bastante grande, pero que me hizo seguir madurando. Con 19 llega Auryn y vivo lo que es muy difícil vivir con esa edad. Ahí vino otra hostia. Ahora tengo la experiencia suficiente como para poder decir ‘voy a empezar de cero, desde abajo, con mis salitas pequeñas’. No tengo que empezar por un Wizink, que sí, que es un recinto muy bonito, pero solo lo puede hacer la gente que tiene la madurez suficiente como para que 15.000 personas valoren lo que estás haciendo. Yo no estoy preparado para hacerlo ahora mismo y soy consciente de ello. Para mí, llenar la sala Caracol, la Joy Eslava o la Riviera es algo muy grande. Incluso me da vértigo, pero creo que si no lo sintiera estaría haciendo algo mal, significaría que tengo demasiadas expectativas. Y no, hay que dejarse sorprender.

Dani Fernández, nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) el 11 de diciembre de 1991 es un cantante y compositor español. Con 11 años empezó a cantar, con 14 representó a España en el Festival de Eurovisión Junior y con 19 entró a formar parte de la exitosa boyband Auryn, grupo que se disolvió en 2016. Ahora, tres años después, con 27, lanza su primer disco en solitario, Incendios, que le llevará a recorrer España en una gira que arrancará en octubre de este año.