Kiko Veneno: “Yo no soy vanguardista, eso pertenece a la juventud”

BELÉN SARRIÁ

  • El artista publica hoy 'Sombrero roto' (Altafonte), un disco-libro en el que se alía con músicos jóvenes para lograr un sonido más actual.
  • "Los políticos en España no tienen cultura para poder utilizarla en sus camapañas electorales", asegura Kiko Veneno.

Kiko Veneno

"Me quiero asegurar que mi sombrero está bien roto y así los rayos pueden entrar en mi cabeza", entonaba Kiko Veneno en Los delincuentes (1977). Cuarenta y dos años después, busca "cerrar el círculo que abrió con esa canción" y decirle a la gente que quiere "seguir con el sombrero roto" para estar abierto a lo que pasa en el mundo. Este catalán es un hombre con personalidad, aunque muestra un talante más exigente que abierto con su entorno.

¡Menudo cóctel! ¿De qué está hecho Sombrero roto?
No se me da bien definir mis discos. Está hecho con dedicación, intuición y un equipo de trabajo potente. Es un álbum con amplitud de registros y con parte de mis inquietudes. Es bastante casual.

No tiene nada que ver con lo que ha hecho hasta ahora…
Pero las canciones y el rollo son míos. Por ejemplo, Sombrero roto [la tararea] la hice con un teclado en mi casa. A la hora de la producción del disco, los sonidos son más contundentes y con calidad, pero las texturas las fui eligiendo yo.

¿Qué tiene del clásico Kiko Veneno?
Lo clásico se va desarrollando. Yo hago lo que se me va ocurriendo. Confío mucho en la intuición y en mi creatividad. Teníamos muchas dudas con las versiones de las canciones: unas más rápidas, otras más lentas…

Y tiró por lo moderno.
No, yo no tiro por lo moderno, sino por lo que me sale. A mí me gusta todo tipo de música, desde la más clásica a la más vanguardista. Pero este disco ni es clásico ni vanguardista, es actual.

En Autorretrato canta: "Soy feo y sin salero, todo me da miedo, lo que tengo es mucho que matar". ¿Se siente así?
Sí, es una canción bastante autobiográfica. Todos esos defectos los tengo. Ese es un tema bastante íntimo pero también tiene el recurso del cómico: hacer el payaso, exagerar y buscar la complicidad del espectador a través de los defectos.

Como catalán, ¿qué reivindica en Yo quería ser español?
Nada; ni como catalán ni como español. Eso fue una frase que dijo mi hijo cuando era chico: "Yo quería ser español y tirar una naranja al agua". No es una reivindicación política ni antinacionalista, aunque lo soy. Pienso que el nacionalismo es una patraña de la gente con dinero para hacer barreras. La política que yo expreso en esa canción es el miedo, como el que suscitan los que venden alarmas, amedrentando a la gente para que no se vayan de su casa sin ponerla.

¿Qué historia hay detrás de Eloy y Andrea en Vidas paralelas?
Hay gente que no ha entendido la canción para nada, yo flipo. Es una historia muy simple pero trágica, que habla de gente muy cercana que nunca se encuentra, porque vivimos muy incomunicados. El mundo del consumo y el dinero convierten a la gente en esclavos de la tecnología, que minimiza la condición humana. Estamos destinados a no entender al otro porque solo hablamos con los que piensan como nosotros. Yo llevo la canción al terreno del consumo, y a una sociedad con falta de conciencia.

Usted es el productor, pero también han colaborado otros como Santi Bronquio. ¿Por qué ha buscado a este joven de 27 años, con menos experiencia?
Con Santi buscaba renovar esos sonidos que yo había puesto en la maqueta, pero que no domino. Es un chaval con mucho talento y vanguardista. Yo no soy vanguardista, eso pertenece a la juventud. Ahora que soy mayor, me gusta estar con la gente joven y saber lo que hace y aprender a apreciar su arte. Me parece muy interesante la comunicación intergeneracional.

En una entrevista dijo que los jóvenes están "muy alejados" de su música. ¿Intenta atraparlos con la electrónica?
La música popular que se escucha en la radio es muy generacional y cada generación necesita la suya. No se van a poner a escuchar a Kiko Veneno.

También sostiene que ellos están menos interesados en la música debido a un consumismo esclavista pero, ¿no debería ser esto una ventaja, teniendo en cuenta las múltiples plataformas digitales?
No. La cultura y el arte no son cuestiones de plataformas ni de consumo, es una comunicación profunda que se basa en la tradición y la vanguardia. Eso no se hace en los centros de consumo, se requiere un silencio y tiempo. La vida de hoy no va en esa dirección. Somos una civilización de hormigas. Cuando yo era joven tenía tiempo para pensar y un horizonte en el que podía ser cualquier cosa; los jóvenes de ahora viven angustiados.

¿La cultura sigue siendo un artículo de lujo en España?
Sí, en el sentido de que no se intenta que sea mayoritaria ni una herramienta para liberar a la gente. Se queda en un intento minoritario. Y la cultura no se inventó para ser minoritaria sino para ser masiva.

En época de precampaña, ¿diría que la cultura es un instrumento electoral en manos de los políticos?
No, no llegan a eso porque no tienen cultura para poderla utilizar. Así de triste es. Sobre todo los políticos de derechas, que son el 90% en este país. En cambio, los políticos de izquierdas aman la cultura.

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