Metallica, satán y Dios en un solo concierto del World Wired Tour en Madrid | Crónica y crítica

ISRA ÁLVAREZ

  • Metallica se coronó con un concierto rotundo y hecho para agradar y emocionar al público español.

Metallica en Madrid

Es difícil explicar para quien no haya estado cómo es un concierto en que 68.000 personas se reúnen, codo con codo (y esto es sudorosamente literal) en apenas un pedazo de terreno. Las ciudades al completo de Zamora, Mérida, Ávila, Cuenca, Huesca, Segovia, Soria o Teruel tienen menos población que Metallica público en su concierto este sábado en Madrid, en el espacio Mad Cool, junto a IFEMA.

James Hetfield (voz y guitarra), Kirk Hammett (guitarra), Robert Trujillo (bajo) y Lars Ulrich (batería) tocaron en la capital en un concierto que no fue perfecto en lo formal pero que fue fenomenalmente grande en lo emocional.

Sus teloneros, el grupo Ghost, cantaba canciones en las que se invocaba a lucifer y a satanás (se acongojarían hasta la evacuación intestinal seguramente si le vieran aparecer). A pocos metros del escenario donde poco después tocaría Metallica, también más apegado a los cuernos que los halos dorados, está la carpa de 33 El musical, un espectáculo sobre la vida de Cristo (recomendable, por cierto). Diversidad, supongo. Justo entre ambos escenarios, los puestos donde se servía la cerveza. Eso sí que es un cordón sanitario.

El look heavy-rock más utilizado en el lugar, una pradera casi infinita de césped artificial, era la indumentaria negra, a ser posible con logo de Metallica y sudadera para cuando refrescara. La sudadera es la versión heavy de la rebequita.

El concierto de Metallica comenzó casi puntual. En un macroconcierto un 'casi' roza la perfección. Y comenzó tirando de recursos escénicos, puesto que tras las tablas había una gigante pantalla, amén de otros ases de los que se ponen más para impresionar y justificar precios que por el aporte que puedan hacer y que no describiremos por aquello de los spoilers.

Metallica hizo una mezcla perfecta, durante casi dos horas y media, de sus canciones más nuevas y las más antiguas y clásicas, con lo que dio para levantar el corazón de nuevos y viejos seguidores, unos aún con melena por menear, otros… bueno, los pantalones de pitillo no pasan de moda y no se caen con el tiempo, como el pelo.

Tras 38 años tocando con Metallica, James Hetfield sigue cantando pegándose al micrófono con más intimidad que la de un beso y aunque los más puristas no dejaron de notar 'gambazos' en su manera de tocar, su ejecución a la hora de llevar al cielo del heavy a aquellas 68.000 almas fue efectista y efectiva, por más que en determinados sitios de la pradera fuera difícil apreciarlo por la lejanía.

Para muestra un botón: En un momento dado Hetfield demostró que para qué tener efectos de sonido cuando puedes arrancarle una nota sostenida a una cuerda, darle la vuelta a la guitarra y golpear el mástil contra el suelo mientras sueltas el clavijero, dejando que el sonido se module solo… Maestros del heavy. Momentos de magia. De magia negra, seguramente, pero hecha con gracia angelical.

Roberto Iniesta, de Extremoduro ha prohibido los móviles en más de un concierto. Ojalá también Metallica. Las pantallas de los celulares hacían imposible ver a ratos al grupo. Porque a un concierto así no solo se viene a oír, se viene a vibrar y es difícil hacerlo cuando está grabando más gente que en una comunión.

Tras un coreado "oeeee oeeee oeeee" de los muchos que surgieron, a veces acompañados con el bombo de la batería de Lars Ulrich, Hetfield se arrancó en inglés: "Estamos viejos, llevamos en esto 38 años y aquí estamos, tocando en un espacio enorme, con vosotros, seguidores y familia de Metallica. ¡Seguimos viviendo el sueño por vosotros!", dijo, tras saludar en español y gritar "juntos" cuando quería un coro. Cabe destacar que Metallica y sus miembros llevan mejor el paso del tiempo que otros grupos de su generación, barriguitas cerveceras aparte.

Muchos fueron los guiños de Metallica hacia la ciudad de Madrid y a España, por ejemplo, con la proyección de una gigantesca bandera de España con el logo de Metallica encima, o con Ulrich mostrando a la cámara su púa, también con la bandera y la palabra Madrid y la fecha al dorso. "Vinimos a Madrid en 1987, al pabellón del Real Madrid", decía para despedirse Ulrich, que aseguraba que tanto entonces como anoche se habían sentido bien en Madrid y que seguirían viniendo.

Robert Trujillo, de origen mexicano, y Kirk Hammett se atrevieron a hacer una versión de la canción Brutus, de Los Nikis, a quienes él mismo presentó como "los Ramones de Algete". El resultado tuvo más empeño y ganas de agradar que acierto, pues a olvidos de la letra y de la partitura se sumó que no es una canción especialmente popular. Un esfuerzo que se le agradece de corazón en cualquier caso.

Ya casi al final sería el frío, sería la emoción, sería un escalofrío… Fue Nothing Else Matters. Y 68.000 almas, condenadas o no, cantando y emocionándose a coro. Y para que la cosa no quedara en la emoción profunda… Pues el subidón de Enter Sandman. Ya habían caído For Whom The Bells Toll, Seek & destroy, The Unforgiven, Master of puppets, One, Moth into flame

Metallica sigue sin oxidarse, nos vemos en la próxima.

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