¿Sufren contratos abusivos los artistas de K-Pop? Así ha sido la lucha de los Idols por mejorar su vida profesional

INÉS LÓPEZ

Cuando la gente escucha hablar del K-Pop pueden ocurrir dos cosas: o que no le suene de nada o que solo se le venga a la mente un nombre, BTS. La banda de pop coreano de moda en todo el mundo se han internacionalizado a una velocidad de vértigo y ha propiciado que medio mundo ya conozca lo que es la música de Corea del Sur.

Colores, coreografías imposibles y temas que mezclan pop, rock, hip-hop y cualquier estilo musical, puede ser un buen resumen de lo que conlleva esta cultura. Sin embargo, el K-pop no se queda ahí. Cómo son los artistas (conocidos allí como Idols), su relación con los fans y su presencia en redes sociales es parte del espectáculo y de este fenómeno.

Sin embargo, no todo es felicidad. Detrás de la aparentemente buena vida de los artistas, han salido a la luz casos de contratos abusivos e incluso violaciones de los derechos humanos por parte de los sellos discográficos. El más conocido es el del grupo DBSK (ahora conocido como TVXQ!). Los cinco miembros que componían la banda tenían un contrato con la compañía SM Entertainment (una de las más grandes de la industria musical coreana) que duraba 13 años, un tiempo excesivamente largo, especialmente cuando se habla de artistas que se suben a los escenarios a edades muy tempranas.

Con pocas horas de sueño, largas jornadas de ensayos y una vida privada extinta, tres de los componentes decidieron denunciar a la empresa al considerar abusivo aquel trato. Fue todo un escándalo para la industria, los fans apoyaron a sus ídolos y, finalmente, un juez dio la razón a los artistas, que decidieron abandonar el grupo.

DBSK, la gota que colmó el vaso

A raíz de lo ocurrido con la banda en 2009, el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo de Corea estableció un modelo de contrato estándar que mejoraba las relaciones entre las compañías y las boy bands. Entre las cláusulas que modificaron destacaron la sustitución de contratos de más de diez años por contratos de siete (como máximo) y algunas mejoras relacionadas con la restricción de la vida privada (como no poder quitarles los teléfonos móviles a los artistas, por ejemplo), tal y como informa el Centro Cultural Coreano en España.

DBSK

Casi diez años después, en 2017, la Comisión de Comercio Justo de Corea continuó la labor del Ministerio modificando los contratos de ocho grandes sellos musicales (SM, YG, JYP, Kakao M -antes LOEN-, FNC, CUBE, Jellyfish, DSP). El cambio más importante fue que la cláusula que obligaba a las bandas a pagar una compensación, que duplicaba o incluso triplicaba el importe real, a dichas compañías por incumplimiento de contrato, reduciéndola a lo imprescindible.

El último movimiento lo hizo el Ministerio de Cultura a finales de 2018, presentando el “Contrato estándar para los aprendices de K-Pop en el sector de la cultura y arte popular”, en el que se estipula un periodo de contratación máximo de tres años (con opción a renovación), una formación gratuita para los artistas (es decir, que las bandas no tengan que devolver el dinero de su educación musical a la compañía cuando triunfen) y la prohibición de cualquier acto de violación de los derechos humanos. Además, en caso de producirse, el aprendiz podrá romper el contrato con las discográficas sin repercusiones.

¿Por qué nadie hizo nada hasta 2009?

Para entender por qué a penas han salido a la luz casos de abusos en la industria del K-Pop hay que tener en cuenta que estamos hablando de un país en pleno desarrollo del que apenas se conocía nada a principios del 2000. Igual que toda sociedad, Corea del Sur avanza en derechos humanos y crece económicamente. Además, ha creado una industria musical que está arrasando en todo el mundo.

BTS

Jeff Benjamin, experto en K-Pop y periodista en KBS World TV, explicó a 2ominutos.es que “hay muchas presiones para que las estrellas del K-Pop sean ‘perfectas’ y obtengan su status de Idols. Significa que no solo deben ser artistas ideales, sino también personas de la sociedad. A diferencia de Occidente, los artistas del K-Pop son mucho más modestos”.

“En Corea hay una visión de grupo antes que del individuo. Muchas personas anteponen las necesidades de la familia, el grupo o la empresa a las suyas propias”, detalla Benjamin. “Esto es útil para entender por qué el grupo es lo primero y por qué las citas o las fiestas se alejan de las estrellas del K-Pop, porque muchas personas piensan que los artistas deberían estar trabajando duro en sus carreras y no enfocarse en otras cosas“.

El experto en K-Pop también considera que no se han reportado muchos casos de abusos porque “simplemente ha sido la forma en la que ha funcionado la industria de la música allí“. “No hay muchas formas de convertirse en un cantante de pop famoso, por lo que el estricto control de los artistas por parte de los sellos discográficos cuando se trata de citas y otros temas es la norma”, añade.

BTS, ejemplo del nuevo K-Pop

Sin embargo, con los cambios que se han ido incluyendo en las condiciones de los contratos, éstos “se han vuelto más justos para los artistas”. “Por lo general, un sello invierte en el artista y lo aloja, lo alimenta, lo viste y lo entrena antes de que se considere que está listo para debutar. Mientras que antes los grupos tenían que pagar esa deuda con la discográfica, ahora las tres compañías más grandes (SM, YG y JYP) han anunciado que no lo harán así”, explica Benjamin.

BTS

Grupos que han traspasado fronteras, como BTS, han sido los que han propiciado la evolución de la industria. “El grupo BTS ha presentado un nuevo concepto de K-Pop mostrando naturalidad y su verdadera voz en la música”, consideran desde el Centro Cultural Coreano. Es cierto que la banda y su fama a nivel mundial ha supuesto un antes y un después en la música coreana, convirtiéndose en un ejemplo a seguir en cuanto a relación entre discográfica y artistas.

Sobre esta occidentalización, Benjamin destaca algunos “cambios positivos”: “Cuando HyunA, una cantante solista, y E’Dawn, un antiguo miembro de Pentagon, anunciaron que estaban saliendo, hubo una gran reacción de los fans internacionales que los apoyaban. Al sello discográfico no le gustó la noticia y los expulsó de la compañía, sin embargo, reconsideraron su decisión, creo que debido al fuerte apoyo de los fans internacionales”, relata.

Y así, en aproximadamente una década, la industria del K-Pop ha crecido en materia de derechos humanos, pasando de contratos catalogados por muchos como “esclavistas” a otros más justos y menos abusivos.