¿cómo se ha convertido el streetwear en la subcultura más lucrativa de la moda?

Durante la última media década aproximadamente, las marcas más importantes de streetwear Supreme, Stüssy, A Bathing Ape y Palace han virado su rumbo acercándose peligrosamente al panorama de la moda mainstream. Ya no están reservadas para los skaters que una vez atrajeron: son propiedad codiciada, buscada por los personajes más destacados de Hollywood, por fashionistas, por estudiantes de instituto y por jóvenes urbanitas.

¿Por qué ha sucedido esto? ¿Y cómo? Para encontrar algún sentido a este vasto y complejo panorama, preguntamos a algunas de las figuras más influyentes de la industria una diseñadora, un periodista y un consultor creativo qué opinaban sobre cómo este año fue testigo del despegue mundial del streetwear.

La herencia del streetwear es moderna: nace en las escenas del skate, el surf y el hip hop de la costa este y la costa oeste de Norteamérica en los 80 y los 90. Para los involucrados era una insignia de honor que simbolizaba su implicación en un movimiento que existía fuera de la industria de la moda, tan lejos de las prendas producidas en masa de los centros comerciales como de las fabricadas por marcas de diseñador. Ocupaba una zona gris intermedia.

“Para mí, simboliza el espíritu de lo artesanal”, afirma David Fischer, fundador del sitio web de streetwear Highsnobiety, sobre cómo define él la subcultura de la moda. “Significa skate, música, camisetas con gráficos, juventud y una sensación de pertenencia… ¡Algo global!”. Ryan Willms, fotógrafo y consultor creativo en Stüssy, piensa que la definición es (y siempre ha sido) bastante vaga. En lugar de ello, dice que las raíces del streetwear están en la gente que estuvo presente durante su nacimiento: figuras como Mark Gonzales, Basquiat, Shawn Stussy y Malcolm McLaren.

balenciaga triple s streetwear

Balenciaga Triple S

Sin embargo, en 2017 los fans del streetwear son por turnos sibaritas y callejeros, tan desesperados por poseer un par de zapatillas Triple-S de Balenciaga de 670 euros como de pillar un gorro de lana de 30 euros. En la carta de Navidad de los adolescentes, el lugar antaño reservado para un teléfono nuevo o una consola de videojuegos es ahora ocupado por una prenda de ropa que la mayoría de padres tendrían que luchar con uñas y dientes para conseguir. El modo en que se viste el hombre moderno ha cambiado y Supreme, en cierto modo, es la marca responsable de ello.

“Ni siquiera resulta sorprendente ver ahora a críos de 8 o 10 años comprando en el Soho, llevando bolsas de Supreme y vistiendo sudaderas con capucha de Off-White y zapatillas de Gucci”, indica Alex Hackett, fundadora y diseñadora de la marca británica de streetwear ALCH. “Es una locura”, corrobora Ryan. “A principios de los 2000, si veía a otro tío llevando una 5-panel de Supreme, seguramente le decía ‘hey, qué pasa’, porque lo más probable es que tuviéramos amigos en común. Ahora, la gente se está aproximando al streetwear gracias a los jugadores de la NBA, los músicos y una industria de la moda mucho más visible desde múltiples ángulos. Ahora es un negocio mucho más grande”.

Un gran negocio, es verdad. A principios de este año, el fundador de Supreme James Jebbia Big vendió el 50 por ciento de las acciones de su negocio a la firma de inversiones The Carlyle Group por 500 millones de dólares (unos 420 millones de euros), revelando a su vez que la marca de streetwear tenía un valor estimado de mil millones de dólares (unos 840 millones de euros). Se rumorea que tenía dudas acerca de si hacer pública esa cifra por miedo a que pudiera afectar a la credibilidad de una marca construida sobre la cultura juvenil y la independencia. Pero el foco hoy en día está girando hacia la estética, por encima de la historia y los orígenes de las marcas, ¿estamos seguros siquiera de que a los nuevos consumidores de streetwear les importe lo más mínimo?

“Cuando empezamos con Highsnobiety, fuera de las grandes marcas de zapatillas, la escena no era corporativa en absoluto. [El acuerdo con The Carlyle Group] habría sido una bomba en aquella época”, afirma David. “Actualmente las cosas son muy diferentes, a los críos no les preocupa tanto el hecho de que haya grandes organizaciones tras algunas de estas marcas. Si algo es bueno, es bueno. Y da igual quién esté detrás de ello”.

“Lo que en su día era una escena underground de moda para skaters está ahora saturado de adolescentes con cantidades ridículas de dinero para gastar”.

Ryan, de Stüssy, está de acuerdo. Y dice que “no cree que mucha gente tenga en cuenta lo que está sucediendo entre bastidores. No creo que les preocupe dónde está fabricado, si lo han fabricado niños, cuánto tiempo les va a durar o quién está ganando dinero con ello. Vivimos en una sociedad consumista muy inconsciente”.

Las opiniones de David y Ryan no diferencian a los nuevos fans de Supreme de los antiguos: para ellos son exactamente lo mismo, un símbolo del progreso del streetwear hacia el mainstream y de los segmentos de población que ha arrastrado a su paso durante el camino. Lo que en su día era una escena underground de moda para skaters está ahora saturado de adolescentes con cantidades ridículas de dinero para gastar. Y muchos de ellos entienden bien poco lo que supone la herencia de esas marcas, solo saben lo que sus insignias representan a nivel irónico.

Este ejército de nuevos fans, sin embargo, ha reavivado el espíritu de jóvenes artistas y diseñadores que están totalmente decididos a hacerse un hueco en la industria. Con un acceso más fácil a herramientas de diseño como Photoshop y con plataformas como Instagram ofreciendo promoción gratuita, se ha producido un crecimiento exponencial del número de “diseñadores de dormitorio” a lo largo de los últimos cinco años. “El streetwear surgió de la nada”, indica David, alabando la capacidad de esta nueva generación para dejar su propio sello en él. “[Surgió] de tíos que hacían las cosas sin ningún tipo de formación o experiencia en la industria. [Las marcas ‘de dormitorio’] ayudan a que la escena se mantenga innovadora y emocionante”.

Alex tiene una opinión diferente: ve la saturación de firmas ‘de dormitorio’ como un signo potencialmente perjudicial para el futuro del streetwear. “Es fantástico que no necesariamente tengas que poseer un título o una amplia experiencia en el mundo de la moda para tener éxito en este campo, pero la mayoría de estas ‘marcas’ no ponen realmente el énfasis en la longevidad, la calidad o la originalidad”, nos dice. “[En lugar de ello], la viabilidad comercial está siempre en primer término y a menudo la creatividad se instala en el asiento de atrás”.

supreme louis vuitton

Louis Vuitton otoño/invierno’17. Fotografía Mitchell Sams.

La idea de que los diseñadores se aventuren en el campo del streetwear desde la perspectiva del lujo no es nada nuevo, pero lo que no habíamos experimentado aún era justo lo contrario, que el streetwear impulsado por la juventud entrara en los ateliers más históricos. Sin embargo, a punto de entrar en 2018 lo hemos visto, con el desfile de ropa masculina para la temporada otoño/invierno ’17 de Louis Vuitton en París.

Entre las bellas siluetas curvadas de Kim Jones, definidas por pantalones de traje, camisas largas y abultadas prendas de punto, apareció el icónico logo de Supreme. Primero en un bolso bandolera del omnipresente color rojo de Supreme con el logotipo de la marca estampado en él. Después, en un conjunto de equipaje de estrella de rock. Luego, en una camisa de denim que mezclaba el anagrama de LV con el logo “Futura Heavy Oblique” de James Jebbia. El mundo de la moda se recostó en su silla, completamente atónito. Una rudimentaria marca de skate que una vez recibió una orden de cese de actividades por parte de LV por haber utilizado su anagrama ahora estaba colaborando con ellos, mostrando su fruto en una pasarela de París.

Los fans, predeciblemente, se volvieron locos y formaron filas en la puerta de pop up stores de todo el mundo para poner sus manos sobre cualquier cosa que se pudieran permitir. La camiseta con el codiciado logo salió a la venta con un precio de 450 dólares (unos 377 euros) ―diez veces más que una camiseta normal de Supreme―, pero ha llegado a alcanzar los 4.500 dólares (unos 3.770 euros) en el mercado de reventa.

“El streetwear es la forma natural de vestirse para los millennials y la Generación Z, de modo que las marcas de lujo necesitan esa asociación mucho más que las marcas de streetwear“, explica David cuando le preguntamos quién se beneficia más de estas colaboraciones. Esa actitud, en su opinión, ha calado en casas de moda como Gucci y Balenciaga, que están dando forma a sus colecciones para que sean más llevables por las masas, incluyendo sudaderas con capucha y zapatillas y afirmando que “a los que tienen éxito ahora mismo les está yendo bien porque forman parte de la conversación sobre el streetwear“.

Gosha Rubchinskiy, rey del skate y el rave soviéticos, es quizá el joven diseñador de streetwear más prolífico de nuestra era. Conocido por rescatar marcas como Kappa y Fila de los oscuros pozos de la moda de los 90, su colaboración con la legendaria marca Burberry fue quizá un poco más predecible que la unión entre Kim Jones y James Jebbia. Después de todo, los clásicos cuadros de Burberry, desaparecidos de las colecciones de la marca gracias a las connotaciones de comportamiento antisocial que en su día evocaban, es exactamente la clase de apropiación cultural juvenil con la que se deleita Gosha. Aun así, su colección se encasilla dentro del reino de Burberry y no en el de Gosha, porque es improbable que ninguno de los críos que se obsesionaron con ella sobre la pasarela pudieran permitírsela.

Pero quizá Gosha es el hombre que nos va a transportar hasta la nueva era. Sus diseños tienden un puente entre las camisetas básicas con gráficos y los códigos más formales del lujo. Puede colgar una bufanda de fútbol de 25 euros en el mismo expositor que una americana a medida de 500 euros en Dover Street Market y provocar el mismo nivel de salivación en los consumidores. Si él puede hacerlo, ¿por qué no pueden Supreme y Palace?

Entonces, ¿este año de colaboración entre diseñadores, públicos ajenos al mundo de la moda y llegada inesperada de inversores multimillonarios ha sido el último clavo del ataúd de la subcultura del streetwear? ¿Un adiós a los fans originales que estaban en el rollo por algo más que el postureo? “No creo que vaya a desaparecer jamás”, resume Alex. “La belleza del streetwear radica en que está constantemente adaptándose y actualizándose para encajar en el clima social del momento”.

“Si Supreme, Off-White y Palace cerraran sus puertas mañana, eso no cambiaría el hecho de que la gente quiere llevar ropa cómoda y relajada y camisetas con gráficos molones”, añade David. “¡Otras marcas ocuparían su lugar!”.

Ya se rumorea que Supreme va a colaborar con Rolex, de modo que quizá 2018 será el año en que empecemos a encontrar el sentido al lucrativo capítulo lujoso del streetwear. O quizá todo el bombo acabará por desinflarse y la subcultura empezará a florecer de nuevo en el underground. Ryan cree que esto último, incluso hoy, sigue siendo el caso. “Al final, [el streetwear] pertenece a la comunidad de personas que lo crearon y que lo viven cada día. Son las personas que dirigen y empujan hacia delante… Inspirando a las masas e influyendo en ellas”, indica. “Lo que sucede es que permanecen en el anonimato”.


Fuente: ID

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