la modelo 'curvy' molly constable nos da una lección sobre belleza y estereotipos

Nacida y criada en el norte del estado de Nueva York, Molly Constable se está forjando un nombre propio como persona a tener en cuenta en la industria de la moda. Con su pelo castaño, sus ojos azules, su cuerpo redondeado y su belleza, es toda una fuerza de la naturaleza que no debe pasarse por alto.

Fue descubierta en Instagram en 2012 y el primer editorial que realizó fue para ‘CR Fashion Book’, fotografiado nada menos que por Tom Ford. Desde entonces, ha trabajado con algunos de los mejores fotógrafos de la industria, desde Tim Walker hasta Alasdair McLellan.

Feroz activista a favor de la imagen corporal, a lo largo de los años Molly ha llegado a ser conocida por hablar sobre la discriminación que ha sufrido, especialmente por parte de los maquilladores que en el pasado han hecho comentarios condescendientes sobre sus estrías.

Rompiendo las normas una vez más en lo que respecta a los estándares normativos de belleza, recientemente protagonizó un editorial bellamente sincero y cautivadoramente real para ‘Playboy’, fotografiado por Heather Hazzan. Aquí comparte con nosotros un poderoso mensaje sobre la belleza.

“Empecé a llevar maquillaje cuando tenía 14 años. Algunas de mis amigas tenían hermanas mayores, así que por aquel entonces ya empezaban a maquillarse. Todas llevaban el tono de base de maquillaje equivocado aplicado en gruesas capas, de modo que yo, por supuesto, seguí sus pasos. Mi piel probablemente fue naranja durante el resto de mi experiencia en el instituto. Tampoco sabía cómo aplicarme la sombra de ojos, pero quería llevarla con todas mis fuerzas.

Supliqué a mi madre que me comprara paletas de sombras y aplicaba la mayor cantidad posible sobre mis ojos. La difuminaba para que fuera realmente oscura en un lado del párpado y casi inexistente en el otro. Cuando finalmente me di cuenta de que lo estaba aplicando todo mal, me sentí tan insegura como cuando no llevaba maquillaje.

Cuando era pequeña, mi madre y mi abuela siempre se aseguraban de decirme lo bonita que era, pero crecí corriendo por el bosque y jugando en el barro. Sentirme guapa no era tan importante como ser una niña. Fue durante mi adolescencia cuando me di cuenta de que la gente no pensaba que yo fuera bonita. La gente pensaba que mi aspecto era raro. Yo no lo veía en ese momento, pero ese es el poder que tienen las palabras: te hacen ver cosas que no están ahí.

“Sin embargo, conforme fui creciendo empecé a rodearme de personas positivas y motivadoras que me animaron a aceptarme y a ser quien quisiera ser ese día”.

A lo largo de mi adolescencia, siempre me preocupaba no ser suficientemente creativa, o suficientemente inteligente. No tenía demasiada confianza en mí misma. Además de eso, me estaba convirtiendo en una mujer mucho más deprisa que las demás niñas del instituto. A nadie le importaba lo más mínimo que yo fuera la persona más divertida de la clase o que tuviera las ideas muy claras, solo importaba que tuvieras una sonrisa perfecta, un cuerpo perfecto y el pelo rubio. Nunca pensé que fuera tan guapa como mis amigas.

Durante mucho tiempo mantuve una relación muy poco saludable conmigo misma. Sin embargo, conforme fui creciendo empecé a rodearme de personas positivas y motivadoras que me animaron a aceptarme y a ser quien quisiera ser ese día.

Por descontado, a veces es difícil recordarte a ti misma lo inteligente y fantástica que eres. Pero crecí y aprendí que quererse a una misma es absolutamente fundamental. Apartarte del resto no te hará sentirte más segura o más guapa. Cuanto más te aceptes a ti misma, más fácil te resultará construir relaciones con los demás.

Hace cinco años, cuando los hashtags se pusieron de moda en Instagram, me puse a repasar unos cuantos mientras limpiaba el campo de minigolf donde trabajaba. En algún momento di un like a una foto al azar, que al final resultó que había sido publicada por la que ahora es mi agencia de modelos. Vieron que me había gustado su foto y obviamente entraron en mi perfil y me contactaron con motivo del selfie que más vergüenza ajena me provocaba de todos, preguntándome si era modelo. (No lo era). Así que me enviaron a Nueva York a conocer a Ford.

He aprendido mucho sobre belleza trabajando en la industria. Al principio no lo entendía, no sabía por qué tenía que llevar la cara cubierta de maquillaje y unas pestañas tan pesadas que no podía abrir los ojos durante la sesión de fotos. No sabía nada sobre este mundo. Pensaba que las mujeres de las revistas siempre estaban así de resplandecientes y brillantes. Pero resulta que no es para nada el caso. Ahí fue cuando me di cuenta de que el aspecto físico no es la raíz de la belleza. La belleza surge del interior.

Aunque he crecido mucho, todavía me siento insegura todos los días. Esta industria es muy superficial y creo que hay que ser una especie de heroína para no sentirse insegura cuando alguien te está mirando constantemente la cara o el cuerpo, diciéndote que te cambies en una habitación llena de hombres cuando aquella mañana te querías morir porque te levantaste toda hinchada. La presión para ser perfecta hace que la inseguridad nunca desaparezca.

“Encuentra lo que más cómoda te haga sentir contigo misma y ve a por ello”.

Actualmente, cuando más bella me siento es cuando mi espacio mental está al cien por cien, cuando no me estoy mirando al espejo convenciéndome de que soy fea, cuando no me pellizco la grasa o levanto mis tetas para ver qué aspecto tendría si estuviera más delgada. Pero todo el mundo atraviesa lo mismo.

Creo que lo más importante es no tener miedo de una misma. Tanto si tienes los pechos grandes como nada de cuerpo, una figura delgada o forma de balón, eres jodidamente bonita. Quizá a veces no lo sientas por fuera, pero lo llevas por dentro. Puede que la gente no te lo recuerde todos los días, pero tú siempre serás tu propia animadora. Encuentra lo que más cómoda te haga sentir contigo misma y ve a por ello.

Conforme vayamos avanzando, espero que la industria nos ayude a continuar construyéndonos las unas a las otras y construyendo un nuevo sentido de belleza. Todas y cada una de las personas de este mundo merecen sentirse amadas y sentirse bellas y, como modelo, creo que es responsabilidad de esta industria recordar a todo el mundo que lo que te hace bella no siempre es lo que tienes en el exterior”.

Molly Constable trabaja para la agencia MiLK Management

Créditos


Fotografía Heather Hazzan


Fuente: ID

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