'like me' es el profético thriller sobre la cultura youtube que todos necesitábamos

Addison Timlin necesitaba interpretar a Kiya porque no tenía ni idea de cómo hacerlo. Transformarse en la adolescente obsesionada con las redes sociales que representa en el thriller fantasmagórico de Robert Mockler Like Me no debió de ser nada fácil. En la escena inicial, Kiya atraca una gasolinera armada con una pistola y un iPhone, filmando al frenético cajero mientras arroja pretzels al aire como si fueran confeti y se mea encima. Acciones posteriores que confieren un significado completamente nuevo a “hacerlo para Instagram”: seducir al sórdido dueño de un hotel solo para atiborrarle a la fuerza de snacks y secuestrar a un sintecho para llevarlo a que se dé una gran comilona por la noche.

Y eso pasa mucho antes de que lleguemos a la escena final, en la que se nos encoge el estómago. Al menos no aparecen tostadas con aguacate.

Like Me sostiene un espejo surrealista y bañado en neón frente a nuestra obsesión por la validación online. Kiya es una joven solitaria que sube a YouTube los frutos de sus escapadas nocturnas y después se dedica a contar ávidamente el número de visualizaciones de sus vídeos. “Pensé que había muchas cosas que hacían muy difícil que te gustara este personaje, lo cual resulta irónico, dado el título”, cuenta Timlin a i-D. “Es todo un reto ser una auténtica gilipollas para variar”.

Timlin parece atraer ―conscientemente o no― papeles inquietantemente premonitorios. Like Me llega justo después del terrible vídeo de Logan Paul en el bosque de los suicidios y Timlin se está preparando para el estreno de su siguiente película. Interpretará a una joven Hillary Clinton en un anti- biopic ambientado durante el verano del 69, que gira en torno a la anterior candidata a la presidencia, cuando trabajaba en una conservera de salmón en Alaska. El film, titulado When I’m a Moth, es una alegoría no solo de Norteamérica, sino también de la férrea voluntad propia de las jóvenes con ambiciones. Hablamos con Timlin sobre cómo es interpretar a jóvenes angustiadas y a presidentas en potencia y sobre qué es lo que ambas tienen en común.

¿Qué es lo que más te gustó de interpretar a Kiya?
Lograr encontrar su humanidad fue un viaje realmente emocionante para mí. El mundo en que vivimos actualmente, con las redes sociales y esos sentimientos arbitrarios de validación que proceden de los clics y de números que no puedes cuantificar… Vi que era una mujer joven que no necesariamente se identificaba con eso. Creo que es una artista que está realizando una especie de experimento social. Está diciendo, “Si esto es lo que te gusta, eres tan malo como la persona que lo ejecuta”. También encontré que era una joven muy deprimida y aislada, que trata de descubrir quién es pero no es capaz de hacerlo en medio del clima de este mundo. Ha caído tan bajo que no tiene nada que perder.

La película parece misteriosamente pertinente a la luz de la controversia en torno a Logan Paul y los debates sobre dónde deberían marcar el límite las plataformas como YouTube. ¿Cómo conseguiste meterte en la mente de alguien que parece no tener límites?
Cuando me estaba preparando para este papel y trataba de dar forma a la narrativa de Kiya y a los huesos de su alma, pensé acerca de dónde trazar la línea sobre la arena y sobre cuándo se decide que algo ha llegado demasiado lejos. Llegué a la conclusión de que no había línea sobre la arena para ella. El modo en que observa su propia vida y la tremenda profundidad de su trauma significan que, incluso si pierde su propia vida en este experimento, en cierto modo no le importa. Fue divertido interpretar a una persona que no tiene nada que perder y está tratando de hacer una declaración de principios. Las personas y las cosas no dejan de demostrarle que existe una enorme falta de humanidad en el mundo actual.

Por lo que yo sé, tú nunca has atracado ninguna gasolinera pero sí estás bastante abierta a publicar en las redes sociales. ¿Cómo te enfrentas a Twitter y a Instagram sabiendo que tienes un enorme y creciente número de seguidores? ¿Sientes algún tipo de responsabilidad social?
Le doy muchas vueltas. Antes tenía una cuenta privada y una pública, pero me di cuenta de que no quería vivir mi vida de ese modo. No quería tener que censurar quién era para que mi número de fans siguiera creciendo ni nada parecido. Tengo un sentido del humor ligeramente fuera de tono y soy muy expresiva sobre ello en Twitter. Mi feed de Twitter es un poco como un personaje que interpreto, una versión mucho más oscura, borracha y triste de mí misma. Instagram puede ser frívolo y voluble, no creo que una foto que yo publique vaya a tener un gran impacto en el mundo y, si repercute en la percepción que la gente tiene de mí, la verdad es que no me importa demasiado. Me deprime un poco que no estemos haciendo las cosas para nuestra propia experiencia, sino para que los demás les den validez.

También interpretaste a una adolescente angustiada, aunque una que estaba estudiando en un convento de monjas, en la película de 2016 Little Sister. Aquella película realmente me llegó al alma como antigua adolescente emo reformada. ¿Tuviste tú también una fase gótica cuando eras adolescente?
La verdad es que no. Nunca he sido excesivamente fanática ni me he sentido excesivamente apasionada por nada de esa forma, es decir, atravesando fases. De algún modo he sido la misma persona desde la pubertad hasta ahora. Lo que más me gustó de Little Sister es cómo la ira que sientes cuando eres más joven puede dar forma a quién eres como adulto. Y la dualidad de las personas está en la naturaleza humana, puedes ser dos cosas a la vez. La relación entre ella y su hermano también me pareció extremadamente poética y bella. Cuando tienes un hermano, de algún modo ambos estáis en la misma cárcel dirigida por vuestros padres. Tenéis que ser aliados. También me gustó tanto [mi personaje, Colleen] porque es compleja y extraña, es un bicho raro adorable, en cierto modo similar a Kiya. No tuve claro cómo interpretarla inmediatamente, me costó un poco.

El film sobre Hillary Clinton suena como un giro de 180 grados para ti. ¿Qué puedes contarnos acerca de esa película?
Se trata de una narración hipotética sobre cómo pensamos que debía de ser Hillary en la cúspide de su femineidad. En esencia, trata de una mujer híper intelectual y con buenas intenciones que está recluida en la presión de su propia mente y trata de discernir adónde se dirige exactamente su vida. Algunas partes del guion eran completamente Hillary Clinton y otras no lo eran en absoluto. No hay ningún momento en la película en que se especifique que es ella de quien estamos hablando. Fue un papel muy interesante de abordar, pero me sentí identificada con ella como mujer joven y creo que eso le va a pasar a mucha más gente, especialmente durante ese momento, a los 21 o 22 años, en que estás decidiendo, “¿Cuál es mi siguiente paso? ¿Adónde se dirige mi vida a partir de aquí? ¿Qué debo sacrificar? ¿En quién debo convertirme?”. Es un tema bastante universal.

Todavía estabas rodando cuando se celebraron las elecciones presidenciales norteamericanas en 2016. ¿Cómo afectó eso a la película?
Hacer aquella película estuvo bastante condicionado por mi absoluta devastación después de los resultados electorales. Siempre he apoyado a Hillary, pero las elecciones definitivamente hicieron que la película fuera más personal para mí, porque pasé mucho tiempo leyendo e informándome sobre lo que hacía cuando era joven. Pasó toda su vida implicada en el servicio público y escuchar el modo en que Trump hablaba sobre ella… Me enfadé muchísimo. Pero mucha gente en este país se sentía estupefacta y devastada, e interpretar una versión hipotética de ella en una película no tenía nada que ver con eso, al fin y al cabo. Estaba más preocupada por el mundo que por la película.

Parece un gran alejamiento de tus otras películas recientes, pero Like Me y Little Sister hacen referencia a la cultura de las armas, al estereotipo “feminazi” e incluso a la Guerra de Irak. ¿Te sientes inclinada a hacer películas que hablen de cuestiones políticas?
Creo que el arte siempre habla de algo que sucede en el mundo. Son tres temas muy diferentes, pero esos temas añaden mucho significado a las películas y esa es una parte muy importante a la hora de narrar historias. No fueron un factor determinante a la hora de elegir esos proyectos, al menos no conscientemente.

Antes mencionabas que Kiya es una solitaria. Colleen también entabla solamente relaciones muy intensas, ya sea con Dios o con su hermano. ¿Te sientes identificada con eso?
No disfruto con las interacciones superficiales. Cuando conozco a alguien, me gusta saber cosas de esa persona. Saber cosas sobre el mundo es el motivo por el que genuinamente amo a los seres humanos y por el que amo el trabajo que hago. La intensidad de las relaciones que encuentro en mis personajes la encuentro constantemente en la vida real. Si existe algún punto en que mi trabajo y mi vida real confluyen, es este. Somos muy diferentes pero intrínsecamente somos iguales. No hay nada más bello para mí que el hecho de que la gente se muestre vulnerable con los demás.


Fuente: ID

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