"¡los críos de hoy en día son unos putos blandos!": harmony korine critica a la juventud actual

“¡Los críos de hoy en día son unos putos blandos de mierda!”, exclama Harmony Korine por Skype. “Están aprendiendo y experimentando las cosas a través de la pantalla”. Llueve en Miami, donde reside Harmony actualmente. La conexión no es muy fluida y mi pantalla (qué ironía) no para de congelarse a mitad de frase, deformando la cara del cineasta en distorsiones imposibles. “¿Así mejor?”, me dice, mientras entra en su casa con el portátil. Mucho.

Estamos charlando sobre su próxima retrospectiva en el Centro Pompidou, que se inaugura en París esta semana. Es un momento bastante importante en la carrera de Harmony, porque por primera vez su obra ― películas, fotografías, vídeos musicales, anuncios, instalaciones, escritos, pinturas, ilustraciones… Todo el conjunto de sus creaciones desde que era adolescente― se alojarán bajo un mismo techo. Y uno realmente prestigioso, todo sea dicho. ¿Es algo que alguna vez pensó que sucedería? “Realmente nunca pienso en cosas así”, dice modestamente. “Solo pienso en ello cuando sucede. Pero estoy realmente emocionado”.

gummo harmony korine

Fotograma de ‘Gummo’

Han pasado más de dos décadas desde el estreno de la vanguardista, innovadora y rompedora película de Harmony Kids, un retrato perturbadoramente crudo y voyerista de un puñado de adolescente que viven, aman y odian en Nueva York. Impactante, emocionante y espantosa a la vez, la película dividió a los críticos. El New York Times la alabó tildándola de “llamada de atención sobre el mundo moderno”, mientras que The Washington Post la calificó de “pornografía infantil disfrazada de documental de advertencia”. Sea como fuere, se trataba de algo que jamás había visto nadie antes.

“Parece que hayan pasado un millón de años”, rememora Harmony, “pero también da la sensación de ser una descripción precisa de aquella época. Todos esos recuerdos que asocio con Nueva York en los 90, todos esos personajes… Había algo salvaje en todo ello, una energía trastornada e inconsciente que envolvió la creación de la película”.

“Todos esos recuerdos que asocio con Nueva York en los 90, todos esos personajes… Había algo salvaje en todo ello, una energía trastornada e inconsciente que envolvió la creación de la película”.

Nacido en Bolinas, California, Harmony y su familia se mudaron a Nashville cuando solo era un crío. Hijo de un documentalista de PBS, paso sus años de formación inmerso en el mundo del cine, viendo películas de Rainer Werner Fassbinder y Jean Luc Godard una y otra vez. Tenía 19 años cuando conoció a Larry Clark, por entonces un respetado fotógrafo con un gran don para capturar los extremos explícitos.

En aquella época, Harmony solía recorrer la ciudad llevando consigo copias de películas que había hecho, con el teléfono de su abuela escrito en el lateral de cada una. “Larry nunca había dirigido una película y yo nunca había escrito un guión. Sabía que debía ser magnífico. Teníamos una idea muy específica del aspecto que queríamos que tuviera y la sensación que deseábamos que transmitiera. Tenía que tratar sobre ese momento, sobre esa generación”. Aquello era lo mejor de Harmony: que estaba genuina y auténticamente sumergido en aquel momento. Sexo, drogas, skate parks, aburrimiento depresivo y la rebelión improvisada de la juventud… Aquella era su vida.

“Había visto a Harmony por Washington Square Park y Astor Place, pero nunca había hablado con él”, recuerda el actor Leo Fitzpatrick, que interpretó en Kids al “cirujano de vírgenes” infectado de VIH, Telly. “Llevaba el pelo decolorado, vestía como un raver y pasaba el rato con otro chaval llamado Kid America. Los dos querían ser cineastas y eran unos nerds de los pies a la cabeza, pero todo el mundo sabía que eran muy inteligentes”.

Tras el estreno de Kids, la carrera de Harmony despegó como un cohete. De pronto le invitaban a un montón de fiestas en Hollywood y eventos con alfombra roja, e incluso llegó a aparecer en el Show de Letterman, donde se sentó nervioso con un traje que le iba demasiado grande, respondiendo a las ingeniosas ocurrencias del presentador con ocurrencias todavía más ingeniosas.

Su siguiente película, Gummo, fue todavía más radical, alejándose de la narrativa tradicional y eligiendo en su lugar mostrar una desorientadora y psicotrópica secuencia de acontecimientos. Aunque una vez afirmó que preferiría saltar desde un avión antes que hablar sobre su debut como director en 1997, a través de Skype Harmony se muestra más comunicativo. “Es mi obra favorita de cuantas he hecho”, exclama, haciendo que su orgullo se sienta a través de la pantalla. “La experimentación, el flujo, toda la idea de la película sentó las bases de lo que vino después. Realmente me encanta esa película”.

gummo harmony korine

Fotograma de ‘Gummo’

Ambientada en un pequeño pueblo de Ohio que ha sido sacudido por un tornado, Gummo sigue a un puñado de adolescentes aburridos conforme van por ahí matando gatos y esnifando pegamento, en un desesperado intento por llenar sus nihilistas vidas. Una vez más, Harmony fichó como actores a las personas que le rodeaban, incluyendo su novia adolescente Chloë Sevigny. Y en realidad rodó toda la película en Nashville, donde había crecido, lo que brindó un tipo especial de autenticidad a su ya abrupto realismo.

A finales de los 90 y principios de los 2000, Harmony se encontraba en la cúspide de su fama. Gummo había sido premiada en el Festival de Cine de Venecia y aquello le granjeó el respeto de pesos pesados de Hollywood como Werner Herzog y Gus Van Sant, mientras que fuera de la industria Harmony y su círculo se hallaban definiendo la era con su estética vanguardista y su personalidad de culto.

Tras Gummo llegó la casi indescifrable Julien Donkey-Boy, un inquietante film sobre un muchacho con esquizofrenia, seguido de Fight Harm, que básicamente no era más que metraje de Harmony yendo por ahí y recibiendo palizas mientras iba ciego de Quaaludes: el proyecto fue finalmente abandonado, pero Harmony se había labrado una reputación de visionario, el enfant terrible de la industria cinematográfica.

Los 90 siguieron avanzando, igual que el consumo de drogas por parte de Harmony y también por parte de Justin Pierce, que interpretó a Casper en Kids, y de Harold Hunter, que interpretó a Harold. Ambos sucumbieron a la adicción. Tras varias temporadas en rehabilitación, Harmony dejó las drogas, se mudó de vuelta a Nashville, se casó y tuvo un hijo. Pero eso no ha mermado su talento para capturar los mejores momentos de la cultura de la juventud.

harmony korine spring breakers

Fotograma de ‘Spring Breakers’

Spring Breakers es su película de 2012 sobre cuatro universitarias cuya búsqueda de aventuras guiada por su espíritu libre las lleva a extremos nihilistas y criminales. Es una película contemporánea de cine negro rodada en colores estridentes que funde las tomas con cámara al hombro y un montaje caleidoscópico.

Protagonizada por dos ex estrellas de Disney ―Selena Gomez y Vanessa Hudgens―, además de por Ashley Benson, James Franco y la esposa de Harmony, Rachel, la película es una vez más una descripción precisa de un momento concreto: drogas de diseño, vacaciones de primavera, iPhones, chicas de culo imponente, estrellas de Disney que se han pasado al lado oscuro, música dance electrónica, fiestas organizadas en casa con solo pulsar un botón del móvil, la explosión de las redes sociales… También contó con Gucci Mane, los gemelos ATL y una banda sonora de Skrillex.

Realizadas con casi 20 años de diferencia, Kids y Spring Breakers muestran representaciones salvajemente diferentes de la juventud. Mientas que Kids es un abrupto retrato en lo-fi de skaters fumetas, chicas ingenuas y las emociones improvisadas que conlleva pasar el rato en la calle, Spring Breakers es una brillante instantánea de chicas que se vuelven malas y vidas que se viven a través de la pantalla.

Entonces, ¿qué ha cambiado? “La cultura de la juventud y la cultura en general han explotado”, afirma Harmony, sonando algo decepcionado. “Todo está empezando a dar la sensación de ser una vorágine de contenidos. Todo ha pasado a girar más en torno a la velocidad de difusión que al contenido real en sí. Lo bueno es que se trata de algo inmediato y que todo el mundo está conectado con los demás, pero eso también es algo malo. Ya casi no queda misterio, capacidad de síntesis ni repercusión. Es mucho más difícil tener fe en algo que se ha vuelto tan desechable y rápido”.

“La cultura de la juventud y la cultura en general han explotado. Todo está empezando a dar la sensación de ser una vorágine de contenidos. Todo ha pasado a girar más en torno a la velocidad de difusión que al contenido real en sí”.

De hecho, gracias a Internet y su cultura de “lo quiero todo y lo quiero ahora”, las escasísimas escenas subculturales, estilos y tendencias que salen a la superficie se asimilan a la cultura mainstream con solo pulsar un botón. ¿Y cómo puede algo ser underground si ya se ha hecho viral? ¿Cómo puede ser subversivo si ya ha sido comercializado por las grandes marcas y vendido de nuevo a los jóvenes con un precio exorbitado en la etiqueta?

“A eso me refiero cuando digo que los críos de hoy en día son unos putos blandos de mierda”, explica airado. “Incluso aquellos que están rompiendo las normas… Solo es una pose, un gesto afectado en contraposición a una rebelión auténtica o cualquier cosa basada en la experiencia vivida. No hay perspectiva ni punto de vista, no lleva unida ninguna estética. La gente se limita a documentar su comida o las fiestas a las que no han sido invitados. Dicho esto, siempre acabo viendo algo u oyendo algo que supone un rompedor paso adelante. Todo es una mierda y de repente, de vez en cuando, hay algo que destaca”.

¿Y qué sucede con el gran Harmony Korine? Tras dos décadas destruyendo arquetipos, poniendo la cultura del revés, dándole la vuelta y saliendo por el otro lado con una gigantesca retrospectiva en una de las instituciones más prestigiosas de París, ¿hacia dónde irá desde este punto? “Quiero hacer cosas que conmuevan desde el interior”, dice con ojos centelleantes. “Cosas que tengan un componente físico, que te golpeen y después te disuelvan. Quiero hacer cosas que sean todo y nada, que sean violentas y después te adormilen. Solo quiero entretenerme, cosa que llevo haciendo desde que era un crío”. Así es, todavía no ha rascado siquiera la superficie.

Harmony Korine: in the Presence of the Artist se exhibe en el Centro Pompidou hasta el 5 de noviembre de 2017.


Fuente: ID

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