los tangas visibles han vuelto (y con ellos la controversia)

Este artículo apareció originalmente en i-D US.

Lo primero es lo primero: ¡me encantan los tangas! Creo que las tiras de un tanga asomando bajo un vestido o por encima de una cinturilla no deberían ser un tabú. Que no te quepa duda, el resto de este artículo está escrito por una amante de los tangas. Pero resulta que estoy en minoría. Thibaut, una joven marca de moda con sede en Tokio diseñada por Meiko Ban, avivó la controversia durante la pasada semana de la moda de Tokio cuando Ban envió a sus modelos llevando “vaqueros-tanga” —pantalones vaqueros tan destrozados que el tejido desgarrado creaba una especie de tanga que dejaba ver el culo desnudo de la modelo— a desfilar por la pasarela.

Los vaqueros-tanga se convirtieron en una de esas prendas innovadoras de la semana de la moda que saltan desde las pasarelas hasta los titulares de, por ejemplo, Mashable, The New York Post o Local 10, una emisora de noticias de South Florida que informó sobre los vaqueros-tanga en su sección de “noticias extrañas”.

Los vaqueros-tanga podrían fácilmente emplearse como ejemplo de “¡Jamás me pondría eso!” y “¡El mundo de la moda es ridículo!” para que la gente pueda reírse, segura de que su buen gusto es totalmente intachable. También es una de las raras ocasiones en las que tu abuela y un columnista de moda de Nueva York podrían estar de acuerdo y compartir la misma actitud conservadora.

gillian anderson tanga

Gillian Anderson en la fiesta de los Oscar de Vanity Fair de 2001. Fotografía de Jody Cortes/Sygma vía Getty Images.

“Quizá la moda se ha obsesionado tanto con la deconstrucción que los diseñadores han optado por la vía de la eliminación de tejidos y de las prendas deliberadamente poco funcionales”, escribió Vogue acerca de los pantalones.

Los titulares sobre los vaqueros-tanga de Thibaut abarcaban desde el de Teen Vogue “Los vaqueros tanga existen porque todo hoy en día es horrible”, hasta el de Harper’s Bazaar “Los vaqueros tanga existen así que, ¡que empiece el apocalipsis!”.

Las reacciones ante los vaqueros-tanga fueron mucho más apasionadas que, por ejemplo, las que despertó el tanga negro de Linder que aparecía por encima de unos pantalones vaqueros en la misma temporada o los maillots de corte ultra alto de Tom Ford acompañados de pantalones de tiro bajo. Otro artículo de Vogue concluía que “un sencillo tanga negro, como la versión original del desfile de Tom Ford de la primavera de 1998 para Gucci” es chic y admisible, pero los “tangas de color rosa chicle que asomaban por la parte posterior del vaquero de Paris Hilton y de los de su grupo de seguidoras amantes de los tangas allá por 2004 no lo son”. Gillian Anderson en la fiesta de los Oscar de Vanity Fair en 2001 = sí; el momento del tanga azul de Manny de Degrassi = no.

No hay diferencia en la cantidad de piel que se muestra en estos ejemplos. La opinión pública, en lo que respecta al uso de tangas, parece simplemente rechazar los colores fluorescentes y los pantalones vaqueros desgarrados. ¿Llevaría yo estos vaqueros tanga en público? Por la noche, desde luego que sí. Por el día, de ninguna manera. Y el único motivo por el que no los llevaría de día es porque suscitaría una oleada de comentarios en las calles de Nueva York que sin duda me joderían el día. Y escucha, haré de abogada del diablo. Los vaqueros tanga de Thibaut quizá no son unos pantalones vaqueros tal y como la naturaleza inicialmente los ideó. Pero si Rihanna llevando un vaquero tanga es algo incorrecto, ¿quién quiere hacer lo correcto?

Los tangas que asoman tienen algo que parece deliciosamente tabú, algo así como derribar la cuarta muralla entre la sexualidad, el deseo y la ropa que llevamos. Un tanga que asoma evoca sexualidad pura, pero roza lo repulsivo. A mí me encanta.

Monica Lewinsky se levantó una vez la chaqueta y mostró las tiras de su tanga al por entonces Presidente Clinton, según el Starr Report del Washington Post de 1998. Tal y como indicaba la historia del tanga de Racked, Slate, tratando al mismo tiempo de comprender la dimensión física del tanga, “llamó a una boutique de lencería de Seattle y allí le aseguraron que las tiras del tanga ―a diferencia de las tiras de las braguitas tradicionales― a menudo continúan por encima de la cinturilla de los pantalones de las mujeres”. La publicación confirmó que, de hecho, Monica no se estaba desnudando para mostrar su cuerpo a Clinton.

El más reciente periodismo sobre moda parece haber concluido que si alguien puede hacer que llevar vaqueros-tanga esté bien, esa es Bella Hadid. Es sobre las Bella Hadid y las Kylie Jenner y, años antes, las Rose McGowan y las Gillian Anderson sobre quienes recae la tarea de hacer que los looks arriesgados resulten llevables ―quizá― para el resto de nosotras.

Ante todo esto yo digo: ¿por qué deberíamos el resto de nosotras esperar a que nos den permiso? Tenemos una relación complicada e hipócrita con lo que consideramos que pueden llevar las mujeres. Existen límites ambiguos y arbitrarios que nos informan sobre cómo podemos permitirnos ser sexis o, si se me permite, vulgares.

Son pensamientos contradictorios sobre los que reflexiono mucho en una era en la que podemos apreciar el maximalismo de la cuenta de Instagram de Pamela Anderson y de las cuentas inspiradas en la Dollz Mania, mientras al mismo tiempo vivimos en medio de una paleta de colores apagados y llevamos un sutil streetwear en la vida real. No hay nada de malo en simplemente apreciar, obviamente, pero eso me hace preguntarme por qué tenemos miedo de ser horteras o vulgares.

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Rose McGowan en los MTV Video Music Awards de 1998, con Marilyn Manson. Fotografía de Ron Galella/Getty Images.

No estoy diciendo que llevar los vaqueros-tanga (o algo similar) sea el modo de conseguirlo, pero tampoco estoy diciendo que no lo sea. Sin embargo Meiko Ban, la diseñadora de los susodichos vaqueros de Thibaut, no se siente obligada a psicoanalizarlos. Cuando le preguntamos cómo le surgió la idea para los pantalones vaqueros, Ban simplemente respondió a i-D: “Cuando empecé a cortar la tela vaquera, no podía parar de cortar”.

Los vaqueros-tanga, Dios los bendiga, son un bello símbolo de la sexualidad femenina: demasiado nos hace sentir incómodas, se supone que tenemos que llegar al límite justo. Llevar las cosas a un punto de exceso o, en este caso, coger una prenda clásica de ropa y hacerla descaradamente reveladora, es una parodia vanguardista y brillante. Y si el maximalismo está de moda, no hay mejor momento para abrazarlo.

Muestra demasiada piel, lleva tangas baratos por encima de tus vaqueros de corte bajo, cómprate un sombrero rosa de cowboy. Sé hortera y vulgar.


Fuente: ID

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Lo probable e improbable del acuerdo con el Fondo Monetario

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Al referirse al accidente, comentó: “Dentro de la espectacularidad o brutalidad de la caída, he tenido mucha suerte de, en principio, no tener nuevas fracturas y que las fracturas anteriores no hayan empeorado”.
“Sí que es cierto que en la muñeca izquierda tengo una contusión muy fuerte y me cuesta doblarla y en el tobillo derecho también tengo otra contusión. ¿Qué ha sucedido? Se me ha ido de atrás de forma muy violenta y muy extraña y cuando iba volando me ha parecido algo muy extraño. Los ingenieros han mirado toda la información de la telemetr.. […]

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