más allá del macba: conoce a la familia de skaters d.i.y de badalona

Cuando alguien habla de skate, lo primero que se nos viene a la cabeza es toda esa parafernalia de marcas, patrocinadores y competitividad que el capitalismo hizo del deporte. Muchos ajenos a la escena ven el skate como una practica superficial pervertida por una estética que se comió a la subcultura. Pero si bien es cierto que los que han visto los jugosos beneficios que se puede obtener de él lo han convertido en un negocio muy rentable, lo cierto es que el significado de sus orígenes pesa más que cualquier otra cosa.

Recuerdo crecer observando a la crew de skaters del lugar donde nací, y siempre envidiaba una cosa. Da igual los años que pasasen, las discusiones o las diferencias, siempre estaba delante de cualquier otra cosa la familia que habían formado, una impenetrable comunidad cuyo denominador común eran las cuatro ruedas. La amistad explotada a la máxima potencia y la diversión como norma habitual. Por eso, cuando nos hablaron de la comunidad skater de Badalona, no dudamos en ir hasta allí, conocer el skatepark DIY que están autogestionando y capturar el (verdadero) espíritu de este deporte.

Bóbila Skate Project nació hace aproximadamente cinco años por la inquietud de unos chavales por tener un lugar donde poder patinar a sus anchas. Se trata de una antigua pista de baloncesto abandonada que Toni López recorría cada día camino del trabajo, un lugar lleno de delincuencia que despertaba algo en él. Junto a sus amigos Adri y Tico, se pusieron manos a la obra para montar una barandilla y un bordillo, algo que se acabó convirtiendo en el principio de una comunidad que no para de crecer. Por supuesto, todo comenzó a la vieja ausanza: sin pedir ayuda ni permiso.

Alejandro Drogado

La Bóbila es el ejemplo perfecto de una comunidad autogestionada: ellos construyen (literalmente) todo, aportan toda la ayuda económica que pueden y colaboran para recaudar fondos y recursos para crecer poco a poco. Todo para construir algo con el único fin de pasarlo bien. Cuando me dirijo hacia allí con Frankie, un skater de 24 años que lleva casi toda la vida patinando y que forma parte de esta familia, me voy dando cuenta de lo que significa para ellos todo esto. “Más que una afición es una forma de vida. Todo lo que me rodea, la gente, mis amigos, está relacionado con el patín. Yo llegué a tener depresión cuando me lesioné, porque de repente no podía hacer nada de lo que solía hacer”, nos cuenta.

En nuestro camino por Badalona hacia la Bóbila, Frankie me cuenta cómo pasan él y sus amigos los días buscando nuevos rincones donde patinar y hacer nuevos vídeos, o cuando tuvo un incidente que acabó con su pómulo partido. En ese paseo, descubrimos una jerga, unas costumbres y una filosofía propias que hacen del skate mucho más que un mero entretenimiento adolescente. “Nosotros no estamos acostumbrados a la escena del Macba, que está lleno de personas de todo el mundo, estamos criados de otra forma. Todo esto es moda también, antes los skaters éramos los más tirados y de repente patinar mola y todas las marcas quieren patrocinarte”, explica.

Frankie

Por otro lado, no podemos dejar de fijarnos en esa fructífera relación que tiene el skate con la moda, una estrecha y suculenta unión que, aunque no le haga gracia a todo el mundo, es algo que ha beneficiado mucho a este deporte. Pol Catena, de 20 años, está patrocinado por Adidas y está intentando centrar su carrera en el patín. “El skate es mucho marketing en realidad. Cuando llega un patinador no puedes evitar fijarte en los logos que lleva, las marcas lo saben y se aprovechan de ello. Para mí cuanto menos logos mejor, pero aún así el skate está muy ligado a la moda y eso también nos beneficia. Cuando a fui a la tienda de Supreme en Londres flipé, parecía una discoteca, personas haciendo cola, personal de seguridad, es una locura. Esto provoca que la gente, por ejemplo, lleve camisetas Trasher y no tengan ni idea de que son de skate, y esto es un poco absurdo”, explica Pol.

Llegamos a la Bóbila y lo que nos encontramos supera nuestras expectativas: un espacio lleno de gente de un lado a otro, unos patinando, otros construyendo un half en medio de dos árboles y otros tantos preparando una barbacoa. Todo bajo un agradable sol de invierno, con esa luz propia de Barcelona, y con la música que salía de los maleteros abiertos de los coches. Mirases donde mirases, podías ver una verdadera comunidad unida por un mismo objetivo, gente que se lo pasa bien y que se esfuerza por tener un espacio propio donde desarrollar su pasión. En ese momento no pude más que pensar, ¿por qué diablos no aprendí a patinar de pequeña? ¡Yo también quería tener eso! En la Bóbila se respira muy buen royo, y da igual que seas loca o no, porque todo el mundo es recibido con los brazos abiertos. Supongo que todo esto se resumiría perfectamente con la frase que me dijo Frankie: “El patín es vida”.

La Bóbila

Matteo

Ibu Sou

Pol Catena

Diego Cano

Construyendo un half en la Bóbila

Diego Cano

Boomalick

Alejandro Drogado

Jordi

Pablo Catena


Fuente: ID

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