'middlemarch' es la webserie queer adolescente que no sabías que neesitabas

Este artículo fue originalmente publicado por i-D US.

La historia de la literatura es mucho más queer de lo que tus profesores te han hecho ver. La homosexualidad de Shakespeare sigue maquillándose u omitiéndose a propósito en los libros de texto. La Ilíada de Homero ha sido censurada desde la Antigüedad e incluso hoy los guionistas bajan el tono de la relación homosexual entre los “primos” Aquiles y Patroclo. Cualquier correspondencia posiblemente lésbica ha sido igualmente eliminada. Ninguna de las cartas de amor que escribió Ellen Nussey a Charlotte Brontë ha sobrevivido, mientras que en la carta que escribió Brontë en 1854 a Nussey le suplica que la queme después de leerla.

La estudiante de Yale Rebecca Shoptaw está acometiendo de frente esta censura de la historia LGBTQ adaptando obras clásicas hasta convertirlas en una serie web de carácter progresista. El resultado es la abiertamente queer Middlemarch, que es una adaptación del autoproclamado estudio de la vida provinciana en la era victoriana escrito por George Eliot recreado en una residencia de estudiantes de Connecticut en 2017.

La ambiciosa reinvención de 70 episodios de duración adquiere la forma de un vídeo blog grabado en su mayor parte por Dot Brooke (Mia Fowler), una Dorothea negra y bisexual que mantiene una relación romántica con otra chica. El “desastre gay” Fred Vincy, en lugar de realizar cuestionables compras de caballos como en el original, destroza un pastel de forma tan espectacular que rompe el microondas de su amigo y casi incendia la casa.

Middlemarch es la novela favorita de Rebecca y ella ve algo de sí misma en Eliot. La autora (cuyo nombre real es Mary Anne o Marian Evans) adoptó un pseudónimo masculino para escribir sus obras de ficción y se cree que mantuvo apasionadas relaciones con mujeres cuando era joven. Rebecca ve el formato de serie web como una forma de incrementar la representación LGBTQ en la pantalla. Pero un gran poder acarrea grandes responsabilidades. “Como no hay nadie que nos diga qué podemos y qué no podemos hacer, no tenemos ninguna excusa para no representar a todo el colectivo”, afirma. “Estoy emocionada por ver en el futuro series que vayan más allá y reflexionen más profundamente acerca del aspecto que podría tener la representación LGBTQ+ en la pequeña pantalla”.

¿Qué es lo que más te atrajo cuando leíste Middlemarch por primera vez?
Creo que lo que realmente me impactó cuando leí Middlemarch por primera vez fue la forma en que el narrador de la novela entreteje todas las diferentes líneas argumentales para mostrar evidencias más amplias acerca de la naturaleza humana. Una de esas evidencias que me resultó especialmente potente a nivel personal fue la apreciación por parte de la novela de lo ordinario, la forma tan bella en que insiste en contar historias sin importancia. Tengo la sensación de que esto es especialmente aplicable a la universidad, donde la presión para cambiar el mundo, o para ser importante, o simplemente para ser extraordinario de alguna forma u otra es realmente fuerte.

Creo que la otra razón principal por la que me encantó la novela fue la forma en que dos de sus relaciones centrales (Will/Dorothea y Fred/Mary) se negaban a caer en los lugares comunes y las poderosas dinámicas ―fuertemente basadas en el género― del cortejo victoriano. Esto hizo que la cualidad queer de varios de los personajes principales surgiera sin esfuerzo y eso, más que nada, fue lo que hizo posible la adaptación.

Fotograma cortesía de Rebecca Shoptaw

¿Puedes describir el proceso de casting? ¿Qué es lo que buscabas en los actores?
En realidad hice el casting a través de nuestra organización teatral universitaria. Cuando llegaba la gente a la audición, las dos cosas que les decía que para mí eran más importantes con respecto a la actuación eran el realismo y la sutileza. La mayoría de gente que se presentaba a la audición venía con formación en teatro, así que era muy importante que actuaran como una persona hablando a una cámara en lugar de como un actor sobre un escenario, para que cualquiera que les viera pudiera potencialmente creer que se trataba de un auténtico vídeo blog. Además, gran parte del dramatismo de la serie surge de lo que no se dice, en pausas extrañas o implicaciones silenciosas, así que quería reclutar personas que pudieran transmitir lo que estaba sucediendo a nivel emocional bajo el texto.

Los personajes incluso tienen sus propias cuentas de Twitter en el mundo real. ¿Por qué te pareció que eso era importante?
Las redes sociales o estrategias “transmedia” han sido una constante en las series web inspiradas en la literatura, empezando por The Lizzie Bennet Diaries en 2012. Realmente destaca algo que las series web pueden hacer como medio que la TV y los medios tradicionales en su mayoría no pueden. Las redes sociales permiten una interacción de ida y vuelta con los personajes e, incluso sin interacción directa, permite que los personajes se entretejan con el resto de los feeds de la vida real en las redes sociales de la gente, aumentando una vez más el sentido de realidad de la serie.

Antes de que Middlemarch empezara a emitirse, me había encontrado con muchos ejemplos de increíbles usos de la narrativa transmedia ―especialmente en Away From It All (una adaptación de Lejos del mundanal ruido, de Thomas Hardy)― y sabía que quería encontrar una forma de incorporar la narrativa transmedia a la serie. Me resultó algo complicado, porque la serie tiene lugar en retrospectiva (los vídeos se emiten seis meses después de que se produzcan los eventos de la historia), así que no podía dejar que los acontecimientos se desvelaran en tiempo real en las redes sociales como sucede con otras series.

Pero en realidad acabé pasándolo muy bien empleando las redes sociales para que los personajes reaccionaran ante la emisión de la serie conforme se emitía y también para que respondieran a las preguntas del público. Fred y Max hicieron una ronda de preguntas y respuestas en Twitter, Billie publicó parte de su poesía en su Tumblr y Fred creó un par de dibujos realmente terribles como respuesta a una pregunta de un espectador en su Tumblr.

A George Eliot no le gustaban las restricciones que se imponían sobre la escritura de las mujeres y empleó un pseudónimo masculino para asegurarse de que su obra se tomaba en serio. ¿Te sientes identificada con eso?
Definitivamente. Creo que siempre es realmente difícil que te tomen en serio como mujer directora, tanto debido a las presiones externas como a lo que puedes interiorizar a partir de lo que oyes. Cuando todos los “genios cinematográficos” que conoces o sobre los que oyes hablar son hombres blancos heterosexuales ―y a menudo alabados por ser “difíciles”― resulta complicado sentir que existe un lugar para ti en el mundo del cine.

Esto da como resultado algo muy interesante que hemos notado tanto yo como algunas de mis amigas. Algunos cineastas blancos gais hacen películas porque pueden y no se preocupan demasiado acerca de “la finalidad” del film. La sensación de no encajar en el mundo del cine que sentimos [la mujeres] nos proporciona una necesidad constante de demostrar cosas, de explicar por qué lo que queremos hacer merece la pena y, por esta razón, a menudo acabamos haciendo arte del que sabemos cómo hablar y que sabemos que realmente merece la pena.

¿Qué opinas del estado actual de la representación LGBTQ en la pantalla? ¿Las series web son una forma de sortear el predominio hetero que hay en la televisión?
¡Completamente! Podía hablar durante horas acerca del modo en que está mejorando la representación de personas LGBTQ+ en la televisión, pero todavía queda un largo camino por recorrer. En el caso de las series web, no hay normas: no tenemos que andar en un tira y afloja con una empresa de producción a fin de que nos den permiso para que nuestra serie sea más representativa y eso nos da tanto la oportunidad de crear una representación más exacta como la responsabilidad de representar bien al colectivo.

También has reinterpretado el Soneto 23 de Shakespeare como una narrativa LGBTQ. ¿Qué es lo que te intrigaba de esa historia?
Creo que gran parte de mi obra radica en mi frustración con la ausencia o la eliminación de historias LGBTQ+: páginas arrancadas de diarios, poemas destruidos antes de su publicación, sexualidades convenientemente borradas de los libros de historia, etc. A menudo añoro y pienso en todas esas imágenes, historias y poemas LGBTQ+ que deberían existir. Cuando me sorprendo sintiéndome así, intento canalizar esa frustración en la creación de estos films que, poquito a poco, intentan ayudar a rellenar ese hueco.

Con Sonnet 23, enfoqué la eliminación de la historia LGBTQ+ de forma especialmente directa. Aquí reuní cada punzada que sentí cuando me decían en clase que la sexualidad de Shakespeare “no era relevante”, o peor, que era “ambigua”. O cuando señalabas el género del receptor de un soneto que la gente lee en sus bodas y te decían que seguramente habría sido escrito para un “amigo” o un “colega”. Cogí todo eso y usé esta pequeña película para devolver al soneto la historia de amor inequívocamente LGBTQ+ que siempre había contenido.

La serie está inspirando grupos de lectura, cosa que mola un montón y demuestra que leer y ver series no son cosas mutuamente excluyentes. ¿Te ha sorprendido esto? ¿Has recibido algún otro feedback (comentarios, emails u otra cosa) que resulte destacable?
¡Definitivamente fue una sorpresa muy agradable! He descubierto por mí misma que leer el texto original siempre hace que ver la adaptación resulte más divertida, porque te permite apreciar las elecciones realizadas en la serie y captar todas las pequeñas referencias. Dicho esto, realmente no esperaba que nadie que viera la serie fuera a leer una novela de 900 páginas, pero estoy encantada de que la gente lo haya hecho. Middlemarch es con diferencia mi novela favorita y me hace inmensamente feliz tanto ayudar a que la novela llegue hasta gente que de otro modo no la habría leído como transmitir el espíritu de la novela y ―esperemos― algunas de sus lecciones morales a un público más amplio en forma de serie web.

Puedes ver Middlemarch aquí.


Fuente: ID

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