¿por qué todo el mundo habla de cardi b?

Cardi B está sentada muy erguida sobre un pequeño sofá. Frente a ella hay una mesita repleta de gominolas Haribo, una botella de Moët sin abrir, una lata abierta de Fanta de naranja, una naranja de verdad y una manzana. Está en el backstage del Alexandra Palace, durante una fría noche, en lo más profundo y oscuro del norte de Londres.

Cardi, de metro cincuenta y siete de estatura y tremendamente tatuada, está ocupada ensalzando los méritos de Chick-fil-A (una cadena de restaurantes especializados en pollo) por encima de los restaurantes Nando’s ―Nando’s pierde, qué pena― frente a una surtida muchedumbre de managers, publicistas, estilistas, guardas de seguridad, bailarines y un par de “amigas londinenses”. Lleva botas hasta la rodilla, gorra de marinero y un body azul y blanco con diamantes incrustados que tan apenas le cubre la entrepierna. “Me encanta mi vagina”, indica en determinado momento. Puntúa la mayoría de sus frases ―las serias y las que no lo son tanto― con sus característicos “skkkkrrrrr” y “krrrrrrr” y con numerosas y gloriosas contorsiones y expresiones faciales. Cardi B es exactamente ―exactamente― como podrías esperar.

No tiene filtro. Le importa todo una puta mierda. Puede hablar rabiosamente y de manera desenfadada sobre cunnilingus y desnudos, sobre violencia de bandas y vaginas. Se ha escrito mucho acerca de su buena disposición para ser una compañía fantástica, por su grosería y su obscenidad, tanto en la vida real como en las redes sociales. Pero su discurso va mucho más allá de las tetas y los tatus.

Es súper inteligente, mordazmente divertida, aguda como un alfiler. Hablamos de sus tres licenciaturas universitarias: en Francés, Historia de la civilización occidental y Política norteamericana. “Pensaba que algún día podría ser profesora de historia, pero cuando me dijeron cuánto pagan me eché para atrás. No me gustó nada”, dice arqueando una ceja. “¿Y sabes qué más? Una profesora también me dijo que mi inglés no era bueno. Me dijo que tenía que hablar de una manera determinada”. Cardi no habla de una manera determinada, un rápido vistazo a su Instagram puede confirmarlo: es más Rosie Perez que la misma Rosie Perez, una tía de la calle que masca chicle y fuerza su acento del Bronx hasta el mayor de los extremos. “Me dijeron lo mismo cuando me hice famosa. Pero a mí me parece que hablo inglés correctamente”, continúa, frunciendo los labios. “Yo sé lo que pasa, entiendo lo que está pasando en la CNN. Mucha gente no lo entiende, pero yo sí”.

Camiseta OFF-WHITE C/O VIRGIL ABLOH

La llegada de Cardi a la narrativa del hip hop se produce durante un tiempo de gran inestabilidad, un tiempo de turbulencia. Un tiempo en el que un presidente puede seguir siendo presidente incluso aunque se sepa que le gusta agarrar a las mujeres por el coño. Cuando un presidente puede declararse afín a un grupo de supremacistas blancos de extrema derecha sin consecuencias. Cuando un presidente puede casi provocar una guerra nuclear simplemente tecleando 140 caracteres en Twitter.

Pero aunque puede que este sea el tiempo de Trump, los desastres medioambientales y los críos negros recibiendo disparos de la policía, también es el tiempo del #MeToo, de Colin Kaepernick, del #TimesUp, del #BlackLivesMatter, de las protestas, del gesto del arrodillamiento y de defender lo que está bien. Marchas y memorias. Los activistas se están volviendo radicales y están contraatacando.

Es posible que no parezca que Cardi B sea una figura de protesta especialmente potente, pero su mera existencia es un “que te jodan” dirigido al poder de los hombres blancos. Su éxito como norteamericana con raíces en Trinidad y República Dominicana, como antigua stripper y estrella en un reality de TV no es poco plausible por sí mismo (¡Hola, Kardashians!), pero el hecho de que Cardi haya conseguido todo esto como mujer rapera sin sello discográfico ni sex tape y mucho menos un mentor masculino ―algo vital en el hip hop (si no, pregunta a Nicki, Kim, Foxy, Trina, Eve, etc.) es toda una revolución en sí mismo. Cardi fue la primera mujer desde Lauryn Hill en conseguir un número uno ella sola, sin compañía (léase: sin un colaborador masculino) y con un reinado de tres semanas de duración permaneció en lo más alto más tiempo que la Sra. Hill. Y desbancó a Taylor Swift mientras estaba en ello.

Abrigo Gucci vintage del archivo de David Casavant. Pendientes Fallon. Anillos Lynn Bann. Botas Yeezy

Bodak Yellow” fue la banda sonora de 2017, un bombazo de zapatos con suela sangrienta y movimientos de dinero. Aquí tenemos a una joven latina, en su día stripper de clase trabajadora, en el número uno de las listas con 25 millones de seguidores que esperan ansiosos cada vídeo, tuit y foto que cuelga en las redes sociales. “Cuando llegué al número uno”, explica, “ni siquiera sabía que ninguna mujer lo hubiera logrado desde 1998. No sabía lo importante que era para la comunidad o las minorías”. Su éxito ―y el de otros colegas, incluyendo el grupo de su prometido, Migos― no solo es empoderador para otras personas de color, sino que también resulta amenazador para las que no lo son. Ella está (todos ellos están) trastocando las cosas y trastocar las cosas es muy, muy poderoso.

“Ser feminista es realmente sencillo: significa que una mujer puede hacer las mismas cosas que un hombre. Yo puedo utilizar mi persuasión. Puedo trabajar duro. Todos tenemos la misma libertad. Yo he estado en lo más alto de las listas. Soy una mujer y lo he conseguido”.

“Por supuesto que el éxito de personas como yo asusta a la gente, por eso nos menosprecian”, continúa. “Si eres un escuchimizado hombrecito criado en un remolque en algún lugar de Alabama, por supuesto que ahora mismo estás asustado. ¡Por eso compran armas! Tienen miedo de la inteligencia de la minoría. Tienen miedo de esa mierda. Hemos roto esas reglas montones de veces. En América, siempre consulto las listas de éxitos y el hip hop siempre está ahí. Estamos controlando la industria de la música. Controlamos el mundo de la moda”, afirma. “Me importa una puta mierda si la moda viene de una pasarela o si una mujer caucásica desfila con ella puesta, porque cuando una persona de color se pone algo, ahí es cuando todo el mundo quiere llevarlo. Siempre estamos influyendo. Cuando ves las Olimpiadas, ¿quién gana siempre? Tíos de color. Lo ganamos todo. Somos una gran influencia y la gente quiere arrebatarnos eso. Personas como Donald Trump, que siempre van a intentar hacernos sentir inferiores. Pero no importa, porque una zorra como yo sabe cuál es la verdad. Me da igual si el gobierno y los Republicanos tratan de hacernos sentir que somos menos, porque no lo somos. Yo sé cuál es la verdad”. ¿Y cuál es la verdad? “¡Que manejamos el cotarro! Somos una influencia. Lo controlamos todo”.

Abrigo vintage Fendi de What Goes Around Comes Around NYC. Vestido Marc Jacobs. Pendientes Fallon. Anillos Lynn Bann y Bijules. Botas Yeezy.

La ideología de Cardi B ―el feminismo en particular― no es la expresión del liberalismo de clase media predominantemente blanco que se profesa desde una posición segura, familiar y confortable. Ella dice “de color” y “n****” y “bitch”. La ideología de Cardi es polémica y a su vez suscita polémica. No es políticamente correcta. Te hace sentir incómodo, porque la ideología de Cardi surge de la rabia, la injusticia, la pobreza y las experiencias reales vividas por ella. No siempre es bonita, pero es suya: su feminismo, su activismo. “Ser feminista es algo grandioso y algunas personas opinan que alguien como yo no puede ser tan grandiosa”, comenta. “Y luego hay otras personas que son inteligentes pero carecen de sentido común”. Frunce los labios, eleva las cejas. “Creen que el feminismo es algo grandioso y que solo una mujer que sepa hablar correctamente, que tenga una licenciatura, que sea jefa, una mujer de negocios… Creen que solo Michelle Obama puede ser feminista. Pero ser feminista es realmente sencillo: significa que una mujer puede hacer las mismas cosas que un hombre. Yo soy igual que cualquier negrata. Todo lo que puede hacer un hombre, yo también puedo hacerlo. Puedo utilizar mi persuasión, puedo trabajar duro. Todos tenemos la misma libertad. Yo he estado en lo más alto de las listas. Soy una mujer y lo he conseguido. Me siento igual que cualquier hombre”.

Cardi B nació en Washington Heights y más tarde se trasladó hasta Highbridge, en el Bronx. “No hay ningún barrio más barrio que mi barrio”, dice con orgullo. “Tuve que endurecerme cuando nos mudamos al Bronx en sexto curso, porque si no lo haces la gente se mete contigo”. Empezó en su nueva escuela con un look muy específico, un look que chocaba con el de sus nuevos compañeros. “Solía llevar faldas de color rosa, chaquetas con mangas de pelo… Me vestía como Raven. Todos en el colegio me miraban como si estuviera loca, porque la gente se vestía más rollo barrio: vaqueros Pepe, botas Timberland, un montón de Jordans. Aquello me ponía muy triste”, vuelve a fruncir los labios. “Se metían conmigo por mi forma de vestir. Cuando iba a sexto, un grupo de gente me atacó y me dio una paliza horrible. Aquello me cambió para siempre. Me cambió completamente. En el colegio y en el instituto, da igual lo duro que seas, o da igual si eres un cero a la izquierda, porque no eres nadie si no estás en una banda. La gente influye en ti y te dice que deberías unirte a esta banda o a la otra. Pero, una vez más, es una enorme experiencia. No podría rapear sobre las cosas que rapeo ahora [si no hubiera crecido ahí]”. Su previa afiliación a una banda podría resultar problemática, pero ella está, parafraseando a Oprah, contando su verdad. Siendo como era una niña bastante precoz, Cardi fue al Instituto Renaissance para estudiar Teatro Musical y Tecnología, y más tarde fue a la universidad en Manhattan, pero lo dejó para conseguir llegar a fin de mes trabajando como cajera en un charcutería Amish. Fue el dueño de la tienda quien indicó a Cardi, que por entonces tenía 18 años, que trabajar como stripper era el mejor modo de ganar dinero de verdad, suficiente para cuidar de su hermana pequeña, Hennessey, de su padre taxista y de su madre soltera.

Camiseta OFF-WHITE C/O VIRGIL ABLOH. Vaqueros J. Brand

“La primera vez que trabajé como stripper me sentí realmente avergonzada”, dice Cardi hoy. “Era como si pudiera escuchar a mis padres en lo más profundo de mi mente. Cuando hice mi primer baile privado todas las chicas me miraban para ver si hacía algo mal, porque no sabía cómo hacer un baile privado. Pero me dio muchísimo asco. No pueden tocar tus partes privadas y se supone que no deben tocarte en absoluto, pero a veces algún hombre me acariciaba el brazo y yo le escuchaba respirar pesadamente en mi oreja. Me resultaba repugnante”. Le dijo al que por entonces era su novio que ya no quería hacerlo más, pero ninguno de los dos veía otro modo de ganar dinero, así que continuó. “Después de un tiempo ya ni siquiera me importaba. Estaba ganando una cantidad de dinero que yo pensé que jamás ganaría. Al principio empecé ganando 200 o 300 dólares (unos 150 o 250 euros) y a veces no ganaba nada, porque tenía que pagar una comisión al local y mis comisiones eran muy elevadas. Pero cuando empezó a dárseme bien, había noches en que me marchaba con 2.000 o 3.000 dólares (unos 1.500 o 2.500 euros). A los 21 años tenía ahorrados 20.000 dólares (unos 16.000 euros) y a los 22 ya había ahorrado 35.000 (unos 28.500 euros)… Todos en billetes de un dólar”, dice riendo.

Pero el atractivo de acumular billetes de un dólar en su armario empezó a disiparse, de modo que se convirtió en estrella de un reality, apareciendo en Love & Hip Hop: New York, de VH1, donde llegó a ser un personaje muy popular. Igual que pasó con su trabajo como stripper, Cardi intuyó que todo lo bueno llega a su fin y tan pronto como su carrera en el rap empezó a ver algo de éxito se subió a ese tren. Fue en las redes sociales donde las cosas empezaron a crecer como una bola de nieve, conforme utilizaba su cada vez mayor número de seguidores para entretener a los fans con una mezcla de parodia y patetismo, ofreciendo consejos con la misma facilidad con la que admitía haberse sometido a diversas operaciones de estética. Su Instagram sigue repleto de breves y agudas actualizaciones, desde el momento en que perdió de vista al perdedor que había en su vida (dio la patada a su novio), hasta cuando se arregló los dientes y se elevó el trasero, pasando por el momento en que empezó a salir con el rapero Offset, de Migos. Cuando la pareja se prometió, lo hicieron públicamente, sobre el escenario, frente a miles de fans, antes de llevarlo directamente a Instagram donde millones de personas habían estado siguiendo su relación. Pero, en privado, parece haber un respeto y un amor mutuos más profundos. “Somos muy distintos el uno del otro. Creo que a él eso le gusta. Ambos venimos del barrio, pero él viene de un barrio de Atlanta, un barrio del sur, y yo de un barrio de Nueva York”. Todavía no sabe cómo será la boda, pero “va a ser totalmente gangster. No quiero tener una recepción aburrida porque, ¿yo? Yo lo voy a petar”. Por supuesto que lo hará. “Quiero que esa mierda sea divertida”.

Chaqueta Supreme. Top Moschino del archivo de David Casavant. Falda Wolford del archivo de David Casavant. Collares Fallon. Anillos Lynn Ban, Ileana Makri y Bijoules

Cuando se piensa en Cardi B, vienen a la mente su grandes y geniales temas, como “Bodak Yellow”, “Lick” y “Bartier Cardi”, pero sus mixtapes de 2017 Gangsta Bitch Volumes 1 & 2 revelaron un personaje más complejo, uno capaz de rapear sobre la adicción a los fármacos, la soledad, la pobreza y el deseo. Eso hace que la llegada de su álbum de debut, que sucederá en algún momento de este año, sea absolutamente ansiada. Gracias a sus empoderadores, hilarantes y escandalosos Instagrams, Cardi ha creado su propio culto, que ahora tiene miles de seguidores. Ha dejado atrás su pobreza y sus años como stripper. Los oscuros días de bandas, trabajo duro y simple y llana supervivencia forman parte del pasado. El hip hop, según parece, la ha salvado, aunque ella rechaza rápidamente esta idea. Lo único que ha salvado a Cardi B es Cardi B. “Mi personalidad me salvó”, insiste. “Mi personalidad fue lo que hizo que la gente se fijara en mí. Ni siquiera quería ser rapera, porque no tenía manager, no tenía dinero y no quería perder el tiempo. Ni siquiera se me ocurría pensar en mis sueños. Es difícil pensar en cumplir tus sueños cuando tienes tanta responsabilidad. Tus responsabilidades son lo primero. Así que siempre mantuve un objetivo realista. Tengo muchos amigos que llevan toda su vida rapeando y nunca han llegado a nada, así que, ¿qué me hacía pensar que yo podría lograrlo?”.

Pero lo logró. “Sí, lo logré. Mírame, lo hice”. Y ahora es Cardi B, la galardonada reina de las redes sociales nominada a los Grammy. “Finesse”, su reciente colaboración con Bruno Mars, está ayudando a llevar a Cardi desde los sacrosantos ámbitos del hip hop hasta el brillante e implacable panorama del pop. Se está haciendo imprescindible, imparable, invencible. Y está lista para ello. Cardi realmente tiene algo especial. “Solo hay una yo y dejo mi sello allá donde voy”, dice con una sonrisa, preparándose para abandonar esta fría y deprimente habitación y dirigirse a su lujoso hotel en el West End. “Puede ser con mi personalidad o con mis pedos, pero siempre dejo mi huella”.

Cardi lleva camiseta OFF-WHITE C/O VIRGIL ABLOH

Camiseta OFF-WHITE C/O VIRGIL ABLOH. Vaqueros J. Brand. Botas Yeezy

Vestido Marc Jacobs

Créditos


Texto Hattie Collins

Fotografía Oliver Hadlee Pearch
Estilismo Carlos Nazario

Peluquería Jawara de Bryant Artists con productos John Masters Organics. Maquillaje Erika La’Pearl. Diseño de decorado Philipp Haemmerle Inc. Director de diseño de decorado Ryan Stegner. Artista residente Juan Heredia. Asistentes de fotografía Mitchell Stafford, Eduardo Silva y Matt Baffa. Asistentes de estilismo Diana Douglas y Kenny P. Paul. Asistentes de peluquería Kashima Parris y Karla Serrano. Producción Caroline Ramsauer y Jennifer Pio. Asistentes de producción Andrew Chapman y Michael White

Reparto Alexis Trainer. Celeste Saurez. Laurielle Smith. Jada Taylor. Taylor Power. Stephenie Jimenez. Shaniya Coleman. Shanell Coleman. Addyson Hassanali. Jala Norman. Taliyah Jones. Eslee Ryan. Linaishja Johnson. Aniyah Wilson. Casting Sydney Bowen Studio.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.


Fuente: ID

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