revive los excitantes viajes en carretera de jack pierson en los 80

La primera vez que Jack Pierson salió del noreste de EE. UU., se quedó varado en Florida durante seis meses.

Retrocedamos en el tiempo: Pierson es un artista quizá más conocido por sus “esculturas de palabras”, obras poéticas creadas a partir de letreros antiguos. Su creación multidisciplinar abarca la fotografía, la pintura, el dibujo, las instalaciones y las obras en vídeo. Nació en Massachusetts y se le asocia con la Escuela de Boston, un grupo de artistas y fotógrafos que incluye a Nan Goldin, Philip-Lorca diCorcia y los ya fallecidos Mark Morrisroe y David Armstrong. Es un colectivo muy influyente, pero de naturaleza informal. Sus “miembros” se conocieron en Boston, donde estudiaron artes en la década de 1970. Hacia principios de los 80, muchos de ellos se habían trasladado a Nueva York.

Pierson llegó a la ciudad en 1983, cuando tenía 23 años. “Cuando llegué a Nueva York tenía la misma edad que Keith Haring y Jean-Michel Basquiat, que ya llevaba cinco años volando en el Concorde con Grace Jones. De modo que, especialmente en los seis primeros meses, todo parecía como, ‘Es demasiado tarde para mí, ya estoy agotado a los 23’. Ellos ya lo habían logrado y yo todavía seguía intentando encontrar mi sitio”, recuerda.

Así pues, siguiendo un impulso, viajó hasta Miami aquellas Navidades. “Pensé que me quedaría una semana”, dice entre risas, “pero estaba tan arruinado que no podía volver”. Sin tarjeta de crédito, Pierson tuvo que conseguir un trabajo en el Estado Dorado. Le costó seis meses reunir el dinero suficiente para volver a casa. “¡Pero fue muy divertido! Era la primera vez que escapaba del noreste y creo que esa experiencia de algún modo me transformó. Empecé a pensar de forma más expansiva”.

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Fotografía Jack Pierson. Cortesía de Cheim & Read, NY.

Las fotografías que hizo Pierson en Miami aparecen en el nuevo libro The Hungry Years. Las instantáneas descoloridas por el sol de esta obra se realizaron a lo largo de la década de 1980, durante los viajes que hizo el artista a El Paso, Palm Springs, Miami, Baltimore, Boston y las Badlands. Hay imágenes de habitaciones de hotel, compañeros de cama y playas, así como de las casas y las mascotas de sus amigos. Times Square bajo la lluvia, el complejo de apartamentos donde vivía Janis Joplin… Retratos realizados al anochecer y al amanecer.

El libro es un sincero y tierno testamento de lo que sugiere su nombre, los años de lucha, de esforzarse por ganarse la vida como persona creativa. Antes del lanzamiento del libro, Pierson nos contó más cosas acerca de esos “ hungry years“.

Lo que más me gusta de estas fotografías es que dan una sensación muy personal, pero a la vez son muy cinematográficas y humorísticas de un modo genuinamente norteamericano. ¿Ha cambiado tu visión sobre ellas con el tiempo?
Había estudiado en la escuela de arte y sabía que la fotografía albergaba la posibilidad de ser arte. Pero yo solo hacía fotos de mi vida, no pensaba en las imágenes como si fueran arte. Eso fue hasta el año 89, cuando fui a Los Ángeles. Ahí es cuando las fotografías empezaron a cobrar sentido.

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Fotografía Jack Pierson. Cortesía de Cheim & Read, NY.

Cuéntame cómo empezaste a contemplarlas como obras de arte.
Vivía en el Village y había una pequeña tienda de fotos. Ofrecían un servicio de ampliación de fotos que las convertía en un póster de 20 x 30 a 10 $ (unos 8,5 €) cada uno. Sentí curiosidad, así que llevé tres fotografías para que las ampliaran. El resultado fue increíble en todas. Mucho más de lo que imaginaba. Tenían una cualidad polvorienta, granulosa, extraña y desenfocada. Me pareció que molaban mucho.

Por aquella época obtuve mi primera tarjeta de crédito, que tenía un límite de 500 $ (aproximadamente 425 €). Revisé todos mis negativos, escogí 50 y me ventilé mi primer crédito ampliando todas las fotos a la vez. Eran suficientemente grandes para llamar la atención y todas tenían esa cualidad de “arte”, al menos para mí. En las primeras críticas que recibí, la gente estaba convencida de que eran fotografías que me había encontrado. ¡A mí me pareció un cumplido! Eran tan naturales que podría habérmelas encontrado. De hecho, estaban creadas para que pareciera exactamente eso.

¿Con qué tipo de cámara hiciste aquellas fotos?
Inicialmente tenía la mejor cámara que podía tener como estudiante de arte, una cámara de 35 mm de gran calidad. Así que algunas de ellas fueron realizadas con ella. Pero cuando llegué por primera vez a Los Ángeles, no había llevado mi cámara conmigo. Estaba arruinado y ni siquiera alquilé un coche. Iba caminando a todas partes. Empecé a comprar cámaras desechables baratas e hice muchas fotografías con ellas. Hay un amplio rango entre las cámaras de calidad alta y baja. Creo que aquello también contribuyó a que las fotografías parecieran encontradas. Hago hincapié en mi economía porque creo que desempeñó un importante papel en mis primeras obras.

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Fotografía Jack Pierson. Cortesía de Cheim & Read, NY.

Has mencionado que vivías en el Village. También tenías un estudio en Times Square por aquel entonces, ¿verdad?
Me hice con ese estudio después de regresar de Miami, en el año 84 u 85. Aquel fue el siguiente período de mi vida importante a la hora de conformar lo que llegaría a ser. Había un edificio en Times Square donde todos los artistas tenían un estudio. Los estudios estaban en un edificio de oficinas que cerraba a las siete de la tarde. Y tenías que marcharte, no te daban llave. Algunas personas dejaban que las encerraran para poder seguir trabajando por la noche. Yo nunca fui una de esas personas. Pero por eso eran tan baratos, porque solo abrían de 7 de la mañana a 7 de la tarde.

Empezaste a crear esculturas de palabras en 1990. ¿Crees que de algún modo eso fue una evolución a partir de tus fotografías?
Puedo decirte exactamente lo que pasó. En aquel estudio, digamos entre el año 85 y el 89, intentaba pintar cuadros porque parecía que eso era lo que quería la gente. La gente venía a verlos, todo ese rollo de Ias visitas al estudio. Pero nadie picaba realmente el anzuelo. Había un tío que tenía una galería en Lafayette Street. Había venido unas cuantas veces a ver mis cuadros. Y cuando vino ―creo que era junio de 1990― también tenía en mi estudio una pila de aquellas fotografías.

Miró los cuadros y después preguntó por las fotos. Así que empecé a clavarlas en la pared con chinchetas. A mitad de las 50 fotos me dijo, “Molan un montón, organicemos una exposición. ¿Estás dispuesto?”. Y yo respondí, “¡Claro, por supuesto!”. Así que organizamos la exposición aquel septiembre, vendimos un par de fotos y yo pude pagar el crédito de mi tarjeta. Y aquello también afectó a mi ego. Era un artista. Había expuesto en una galería. Vendí algunas obras. Hubo cierto revuelo en The Village Voice. ¡Me sentía bastante bien!

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Fotografía Jack Pierson. Cortesía de Cheim & Read, NY.

También por aquella época, en 1990, estaban cerrando Times Square. Resulta extraño, pero llevaron gran parte de las cosas que recuperaban a tiendas de campaña improvisadas en Houston Street, donde las vendían como si fuera un mercadillo. Todas aquellas letras de marquesinas y carteles empezaron a aparecer. Fui un día con el tío con el que compartía estudio por aquel entonces, nos habíamos retrasado como dos meses en el pago del alquiler. Cogí aquellas letras y empecé a jugar con ellas sobre el suelo. Escribí una palabra. Pregunté al tío del puesto, “¿Cuánto valen estas cuatro letras?”. Me dijo, “10 pavos cada una”. Pensé que podría convertirlas en una obra de arte. Mi compañero de estudio flipaba: “No puedes gastarte 40 dólares en esas letras, ¡tiene que ser una broma!”. Y yo le dije, “Mira, sé lo que hago, ¡acabo de exponer en una galería! Creo que he dado con algo bueno”.

Llevé las letras al estudio y las coloqué en la pared. De hecho, parecía algo bueno. Así que empezó a venir más y más gente de la exposición de fotografía. Un tío había venido más de cinco veces y no se había entusiasmado con nada. Le mostré la escultura de letras y la vendió ese mismo día, creo que por unos 1.500 $ (alrededor de 1.300 €).

¡Qué locura! Con una inversión de 40 dólares.
Mi mecanismo de seguridad para ser un artista radicaba en que siempre podía ser un tío de mercadillo. Tiene todo lo que me gusta: encontrar basura, revenderla e ir a otro mercadillo callejero. Por eso también siempre digo a mis estudiantes: cada trabajo de mierda que tuve me dio algo que puedo usar ahora en mi arte.

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Fotografía Jack Pierson. Cortesía de Cheim & Read, NY.

¿Cómo elegiste las fotografías que querías incluir en este nuevo libro? ¿Y cómo querías disponerlas dentro de él?
Después de siete años en Nueva York intentando, intentando e intentando, las cosas avanzaron rápidamente. Un “éxito de la noche a la mañana” que no fue de la noche a la mañana en absoluto. Había hecho fotografías, había hecho esculturas de palabras, estaba realizando dibujos. Algo se liberó dentro de mí y empecé a ser muy creativo.

Hacia finales de 1990, una galería alemana quiso publicar un libro con mi obra. Lo dispuse más o menos como una revista, no había espacios en blanco, no había títulos. Era un elegante y pequeño libro con aspecto de ser anónimo que no describía lo que estabas viendo. Las fotografías aparecían con sangrado completo y dispuestas para que surgieran interesantes yuxtaposiciones y contaran una historia.

Algunas de las fotos que aparecen en este libro también se incluían en ese otro. Después de todos estos años, quería ver si podían soportar ser presentadas del modo en que se presentan las fotografías “reales”: una por página, espacios en blanco, un título. Ha sido un ejercicio de ennoblecimiento de estas fotos. Ver si podían soportar el espacio en blanco a su alrededor. Y creo que sí pueden.

“Jack Pierson: The Hungry Years” está disponible vía Damiani.


Fuente: ID

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